El territorio de Saldaña ha estado poblado desde épocas prehistóricas.
La villa estuvo emplazada inicialmente en los altos de la loma de La
Morterona, a un kilómetro de su situación actual y consta su
existencia durante la dominación romana.
En el siglo VI se refugian
en ella los nobles Cántabros sublevados contra los visigodos.
Conquistada la villa por el rey Leovigildo, acuña monedas con su
efigie y la leyenda "Leovigildus Rex Saldania Justus" para
recordar este hecho.
La ocupación del castillo
por los musulmanes y posterior conquista por Alfonso I tras un duro
asedio, hacen que el lugar quede dentro de una amplia zona despoblada
al trasladarse sus habitantes a tierras cántabras.
Con la repoblación
posterior de la comarca y el asentamiento de la villa en su actual
emplazamiento, el rey Ramiro II establece el condado de Saldaña,
siendo su primer conde Sancho Díaz, quién al igual que su aliado el
conde castellano Fernán González, siempre se mostró rebelde con los
reyes leoneses, lo que motivó que fueran encarcelados en 944.
Con la unión del condado
de Saldaña al de Carrión,
pasan a pertenecer a los Beni Gómez, quienes establecen la capital en
Saldaña. En 995, durante una de sus campañas militares, Almanzór
destruye la fortaleza y su iglesia de Santa María del Castillo.
Posteriormente, en el siglo
XI, fue reconstruido y ampliado, mantiene su importancia estratégica
y es centro de intrigas y disputas sucesorias. En 1126 fallece dentro
de sus muros la reina doña Urraca de Castilla, en circunstancias no
muy claras para los historiadores.
Dos años mas tarde, en
noviembre de 1128, fue escenario de la boda del rey Alfonso VII con doña
Berenguela de Barcelona, celebrándose como parte de los festejos una
corrida de toros, la primera que se conoce en la historia taurina de
España.
La merindad de Saldaña
llegó ha estar formada por 193 pueblos y lugares hasta su disgregación
debido al proceso de señorialización de la misma. Durante los años
1136 a 1154, ocupa el cargo de merino del rey Diego Muñoz. En 1350 es
dueño del señorío Juan Alfonso de Alburquerque, pasando por varios
señores hasta que en 1452 pertenece a Iñigo López de Mendoza, Marqués
de Santillana, quién permutó la villa de Saldaña por la de Coca,
perteneciente al Obispo de Avila, Alonso de Fonseca.
En el último cuarto del
siglo XV pertenece a Diego López de Mendoza, duque del Infantado,
periodo en el que los alcaides del castillo nombrados por él dieron
constantes motivos de queja al concejo debido a los abusos que cometían
al encontrarse lejos de su señor.
Al igual que otras
localidades, Saldaña figura como lugar de nacimiento del mítico
Bernardo del Carpio. Así, el padre Mariana en su Historia General de
España (s.XV) señala que nace en este castillo, fruto de los amores
ilícitos entre el conde Sancho Díaz y Doña Jimena, hermana del rey
leones Alfonso II el Casto, quién al enterarse del hecho encierra al
conde en el castillo de Luna (León) hasta su muerte y enclaustra a su
hermana en un convento del que no volvió a salir.
Las ruinas del castillo aún
dominan la villa desde un cerro cercano. Todavía se mantienen en pié
dos grandes torres cuadradas y parte de algunos muros de las murallas
que la rodeaban. De las torres prácticamente sólo se conserva el
relleno de hormigón, pues la piedras de sillería que las recubrían,
fueron utilizadas para la reparación del puente de la villa.
La torre situada al Oeste es la más entera, alcanza los 9 metros de
altura y aún se aprecian las tres plantas que tuvo, aunque la primera
está prácticamente cubierta por escombros al derrumbarse las
superiores.
La entrada, a la altura del
segundo piso, se encuentra en la fachada oriental, apreciándose aún
la cavidad donde se encajaba la tranca. En el resto de las fachadas se
aprecian los huecos de ventanas y ventanales. Las dimensiones
interiores son de 5 por 5 metros, con muros de 1,70 sin contar el
revestimiento.
La otra torre parece más
pequeña al conservarse menos restos y altura. No obstante las
dimensiones interiores nos indican que estamos ante una torre de 6
metros de lado, y muros de 3 metros de grosor en los que se
incluye el revestimiento de sillería. Ambas torres, que no se
encuentran paralelas entre sí, estaban unidas por un muro del que aún
se ve la traza.
Rodeaba la fortaleza en la
parte superior un recinto con un grosor de 2 metros y una altura máxima
de 1,50, de los que se conservan 30 metros de longitud al Sur y al
Este, así como un cubo.
De un segundo recinto de
grandes proporciones situado en un nivel inferior, únicamente queda
un cubo y las ruinas de una puerta entre torres. Por debajo corre un
arroyo que servía de foso natural a esta parte de la fortaleza.
Junto a la torre Este
existe un enorme hundimiento, de 6 metros de profundidad, a través
del que se aprecian restos de la esquina de una habitación con señales
de revoco de argamasa, que pudieran corresponder con el aljibe del
castillo o con los sótanos y subterráneos del mismo. Esta última
teoría está avalada por coincidir verticalmente con el lugar donde
un derrumbe obstruye el paso de una serie de galerías que parten de
una enorme cueva artificial que se abre en la ladera oriental y desde
donde se observa un sillar. Asimismo, los restos de cerámica
recogidos en el interior de la cueva coinciden en época y características
con los encontrados en el recinto del castillo, fechados en el siglo
XII.
En 1893 se lleva a cabo la
reparación del puente de Saldaña que se había hundido, utilizando
para ello las piedras de sillería arrancadas del castillo. En esa
fecha la torre situada al Oeste aún se conservaba entera, con sus
tres pisos y coronada con almenas. En la otra torre ya se había
derrumbado la fachada Este y parte de la Sur. Ambas torres estaban
unidas por el Sur con un lienzo almenado que desde la torre Oeste
llegaba a un metro al Sur de la torre Este, y tras un ángulo de
noventa grados se unia a ella. Tenía una altura de dos pisos,
presentando tres ventanas en la segunda planta.
Un sillar con un dibujo e
inscripción en árabe, que cronológicamente se sitúa en el siglo
VIII y que según algunos investigadores representa el plano de la
fortaleza en la época de ocupación musulmana, estuvo hasta 1954 en
una de las torres, encontrándose en la actualidad en el Museo Arqueológico
Nacional de Madrid.
En la localidad merece
destacarse su Plaza Vieja, conjunto arquitectónico del siglo XVI que
representa la tradicional plaza castellana. Cerca de ella se encuentra
la plaza del Marqués de la Valdavia, donde se ubica la casa blasonada
de los Ossorio. La iglesia parroquial está dedicada a San Miguel y
fue construida entre los siglos XV y XVII.
La iglesia de San Pedro,
construida de ladrillo, tiene una portada neoclásica con una
escultura de la Virgen con el Niño fechada en 1580. Actualmente esta
acondicionada como museo de la Villa Romana de La Olmeda, que se
encuentra en la cercana población de Pedrosa de la Vega.
|