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EL CASTILLO DE SALDAÑA

El Castillo de Saldaña
Justiniano Rodríguez Fernández

La fortaleza o castro saldaniense, situado al noroeste de la villa y en lamentable estado de abandono y ruina, conserva aún el armazón interior de dos medias torres desnudas y grandes bloques de cimentación sobre los cuales sería posible, sin embargo, reconstruir el trazado antiguo. No sabíamos de qué época databan los vestigios que aún subsisten, y éste es el punto concreto en que se hace inestimable la aparición de un dibujo o croquis que ilustran tres palabras árabes, que luego daremos a conocer en sus pormenores.
La fortaleza se asienta sobre un cerro arcilloso, de unos sesenta metros de elevación en su mayor altura, cortado casi verticalmente por el norte, de rápida pendiente por el este, y de gradual inclinación por el sur y el oeste. Por este lado debió tocarle antiguamente el rio Carrión, que ahora corre a unos doscientos metros por cauce desparramado y casi impreciso.
El montículo tiene de norte a sur unos 200 metros de longitud, y poco más de la mitad de este a oeste. No aparece sensiblemente  desfigurado en su contorno y se halla rodeado al este y sur por " terrenos de labor, en que ha venido a convertirse el amplio foso que hubo de ceñirle por ambos costados y por el norte.
No es del caso reconstruir la historia de esta fortaleza, que a no dudar conocieron y usaron inicialmente los romanos, transmitiéndola a los visigodos. De la época de estos se sabe que Saldania -la Saldaña actual, situada entonces en los altos de la Morterona, unos 1.000 metros al norte de la fortaleza- tuvo entre ellos notable renombre, lo acredita así la moneda aparecida con el cuño "Leovi- geldus rex Saldania Pius", bien conocida y fue objeto de una gran peregrinación, que nos consta históricamente, borrándose de su primitivo emplazamiento por la acción devastadora de un incendio, que también se halla atestiguado. De la época romana tenemos al menos el testimonio de las inscripciones aparecidas en León y dedicadas, una a L. Lollio Lolliano, hijo de Lollio Materno, saldaniense (C. l. L., 11, Núm. 2.670), y otra consagrada a Loll Dureta Saldanica.
No consta con precisión la fecha en que ciudad y fortaleza fueron rescatadas de los árabes, aunque se sabe con certeza que la primera fué ocupada en una de sus típicas racias por Alfonso 1, viniendo así a  quedar dentro de la amplia zona de la 'Tierra Quemada",sin que existan noticias de haber sido de nuevo recuperada por los árabes. El Silense, al hablar del yerno de Pelayo con trazos tomados  fundamentalmente del Obispo Sebastián, nos dice que, moviendo su ejército sin descanso, tomó a los bárbaros muchísimas ciudades a ellos sujetas. El Albeldense cuenta que tomó León y  yermó (eremavit) los Campos Góticos, hasta el Duero.Pero el Obispo Sebastián de Salamanca nos dá una minuciosa enumeración de las ciudades tomadas por él, entre las cuales se halla Saldaña, si bien anota que no dominó los castros y sus villas, limitándose a la matanza de los enemigos que moraban en las ciudades, y a llevar consigo a la patria astur a todas las familias cristianas.
Es bien sabido que sus conquistas, hechas al modo de "un capitán de bandidos", en frase de Herculano, no tuvieron carácter de permanencia, e incluso podemos dudar de que el castro saldeñés fuese ocupado por él. Más si tenemos en cuenta que con Ordoño I(850-866) comienza la repoblación sistemática de las ciudades de Astorga, León y Amaya, con sus repectivas comarcas, lo que supone la obligada lejanía de todo centro militar enemigo de importancia, y sabiendo por Sampiro y la Crónica de Alfonso lII que en tiempos de  este rey quedó política y militarmente organizado todo el territorio situado al norte del Duero, bien puede concluirse que la fortaleza saldaniense no debió estar en manos árabes después de mediado el siglo IX, lo que no excluye la probabilidad de que, pasada momentaneamente a poder de Alfonso I (739- 757) en su victoriosa razía y haciéndose para los musulmanes muy difícil de defender por su proximidad a las montañas y su lejanía del Duero, dentro de amplia faja de "tierra quemada", se decidiesen a abandonar para siempre, desde que el yerno de Pelayo se la arrebató o, cuando menos, la puso en permanente peligro.
La tradición de la comarca ha enlazado el hecho de la ocupación y  dominio de esta fortaleza con la intervención milagrosa de la Virgen, de quien se dice que, apareciéndose a Alfonso I en su tienda cuando meditaba el tercer asalto del castillo, después de dos tentativas
infructuosas, guió personalmente a cien de sus guerreros hasta la orilla izquierda del Carrión, mostrándoles la salida o camino secreto que por el oeste tenía la fortaleza, y que llegando por tal medio al corazón del fuerte cuando sus hombres descansaban, hicieron allí terrible mortandad, ocupando en pocas horas el baluarte enemigo. Añade la tradición que en conmemoración de este milagroso hecho erigió el rey una ermita, que hizo consagrar por la advocación de Santa María del Valle, en el propio lugar que ocupara su campamento y, aún más precisamente, el que tuvo la tienda real en que se apareció la Virgen. La creencia tradicional supone que esta primera ermita, a través de varias vicisitudes históricas que transformaron su fábrica, coincide con el conocidísimo y venerado Santuario de Nuestra Señora del Valle, situado unos 2 km. al norte de Saldaña y al pie de la carretera que conduce a Guardo.
Podríamos concretar así la antigüedad de la fortaleza árabe, a la vista del plano e inscripciones que luego detallaremos, en estas dos conclusiones alternativas: Primera. El baluarte musulmán de Saldaña debió ser ocupado por los cristianos antes del año 757, fecha del fallecimiento, según el Albeldense, de Alfonso I el Católico.
Segunda. Si el tercer rey astur ocupó solamente la ciudad y no la fortaleza, esta no pudo seguir en poder de los musulmanes después de las repoblaciones efectuadas en León y Amaya por Ordoño l, y en modo alguno después de la reorgan'ización militar y política llevada a cabo hasta el Duero por Alfonso el Magno (866-910).
Parece seguro que la primitiva fortaleza musulmana no sufrió grave quebranto posteriormente en su contextura, acomodándose aún hoy los vestigios que subsisten al trazado árabe que luego consideraremos. Durante toda la Edad Media desarrolló importante papel político, aunque no es seguro, contra la opinión del P. Justo Pérez de Urbel, que su posesión estuviera aneja al señorío de este Condado de Saldaña, foco de intrigas y discordias en casi todo el siglo X, especialmente en tiempos de los Beni-Gómez. Pensamos así en razón del señorío temporal que sobre el castillo tuvo el monasterio de Sahagún, en virtud de donación que de él hizo, juntamente con las aldeas saldañesas de Pedrosa y Quintana, el rey Ramiro ll. La donación real se hizo el 17 de junio de 947, sin que posteriormente sepamos de este Castrum Saldanie hasta el año 1.126, fecha en que, a ser cierta la truculencia narrativa del Primer Cronicón Compostelano, falleció aquí en trance ignominioso, nada menos que a consecuencia de parto de un hijo adulterino, la infelíz Doña Urraca, siempre mal vista de los cronistas influidos por Gelmírez.
En el mes de noviembre de 1.128, Alfonso VII celebró en él sus bodas con la hija de Ramón Berenguer de Barcelona, la hermosa y dulce Berenguela, puellam parvulam, totam pulchram et decoram nimis, según refiere la Historia Compostelana.
Según hemos apuntado anteriormente, sobre la reducida plataforma que corona el cerro o castro saldaniense aún perduran dos medias torres, cuyo revestimiento exterior de piedra labrada, ha desaparecido en gran parte, amontonándose en su torno los escombros que la acción de los hombres y el poder del tiempo han producido. Por el lado del oeste persisten hasta una altura de más de dos metros las dos gruesas cimentaciones correspondientes a  sendas líneas perimétricas del exágono regular que debió constituir  el núcleo principal de la fortaleza. Rasgo muy importante este  del trazado poligonal, que Lampérez atribuyó de modo exclusivo al castillo de Belmonte, diciéndo de él, aunque muy posterior a la época del de Saldaña, que es "ejemplar único, por su planta poligonal, triangular y estrellada".
Distan entre sí ambas torres, de norte a sur, unos ocho metros, estando la meridional revestida hasta la mitad de su altura con piedra de sillería en la cara que mira hacia el norte. Aquí es precisamente, donde al ras superior del montón que forman los escombros y hacia el centro de la cara, ha estado hasta el año 1954 una gran piedra de unos 80 x 50 cms. de superficie cuyo lado labrado lleva la inscripción que damos a conocer.
El dibujo y las palabras árabes que contiene ya fueron observados por el P. Justo Pérez de Urbel, que mencionó uno y otras en su Historia del Condado de Castilla, publicando además dos fotografías de las torres y del montículo en que descansan. Pero el sabio  benedictino no examinó estos indicios con detenimiento. En el  dibujo o plano vió solamante "una palmeta y una estrella" de la época condal, que cree simbolizada en estos signos, y en cuanto a la  inscripción o inscripciones árabes, las toma por "restos" de algún texto más amplio y "como muestra de la arabización sufrida en tiempos de los Beni-Gómez". Para las inscripciones no dió significación alguna.
El erudito Don Fedol SerrokAlami, de Larache, que ha respondido gentilmente a mí comunicación sobre este punto, también cree que el dibujo o plano que las tres palabras árabes parecen querer explicar, es simplemente caprichoso y nada significativa. En cambio,  me ha dado para las inscripciones la lectura que ahora expondré. La palabra inscrita más al interior de la piedra, sobre la parte principal del croquis o dibujo y casi tocando en su comienzo con el vértice más occidental de la estrella, aparece poco visible, muy borrosa y de dificilísima interpretación. Concluye Serrok que la lectura racional del vocablo debe ser "ham-mam" (baño).
Los dos vocablos situados al ángulo superior izquierdo de la piedra, señalados en grueso trazo, forman una linea y parecen denotar conjuntamente una sóla idea o epígrafe. El primer término es de lectura fácil: Alif, ha, fa, lam, yim ydal. Podría ser Elhafalyad, y así opina también Serrok.
El segundo como más borroso y al parecer, incompleto, nos dá una segunda lectura meramente conjetural, de la palabra, ya de suyo dudosa y sin conocida significación en la parte -Iaba o lama- que creemos poder leer.
Resumiendo las observaciones relativas a estos dos vocablos podríamos señalar, como lectura racional "Elhafalyad laba", sin que podamos concluir que el segundo término esté completo.
Tenemos por casi seguro que las tres palabras inscritas no pertenecen al árabe literal, y habría que buscar su grafía y fonética en algún dialecto oriental de ascendencia cúfica, pues a este tipo se asemejan sensiblemente. El señor Serrok coincide con mi criterio en este punto y, tras afirmar que no existe en ellas punto alguno de contacto con la dialectología bereber, antigua o moderna, conjetura que podría tratarse de alguna variante histórica, muy poco divulgada, que en su tiempo tuviera algún uso en la Península.
En lo que se refiere al dibujo o croquis, disiento radicalmente de las dos opiniones antes mencionadas -Serrok Alami y Pérez de Urbel- y creo que su trazado responde exactamente a la idea de un plano o esquema de las fortificaciones levantadas por los árabes en el siglo VIII sobre el castro romano-visigodo. Su planta, orientada de norte a sur, responde a un núcleo principal en forma de estrella de seis puntas, o exágono (sobre el cual se alzarían las dos torres que aún subsisten), en el que radicarían los servicios directores y más importantes de la fortaleza, y del que partiría hacia el sur hasta llegar al borde del talud inferior, un eje o camino principal del que derivaban a este y oeste, de modo casi simétrico, varios muros o líneas ideados para una defensa escalonada. La línea extrema del sur, duplicada en este último escalón y dispuesta casi al pie del cerro, se prolongaba hacia el este y oeste unos 70 m., quedando en el centro la puerta exterior de acceso a la fortaleza, con sus fuertes pilastras, que aún se aprecian hoy, y sus servicios contiguos de cuerpo de guardia y viviendas familiares o rabad.
Por el costado occidental la doble línea se continuaba hasta la almenada torre albarrana, cuyos vestigios aún perduran sin nombre específico, dispuesta como atalaya próxima al río, torciendo luego hacia el norte en trazado simple, por el borde del talud occidental englobando la plataforma irregular que en parte son hoy terrenos de labor o mahrath y antes debió contener los servicios o dependencias complementarios de la fortaleza, gala o hins: viviendas, jardines y  al norte, cerca ya del núcleo principal, los baños.
Conozco desde la infancia este lugar, y sirve a mi  tesis la observación de la situación que las palabras tienen en la  inscripción. La palabra ham-ham (baño) debió ponerse en su lugar con la finalidad de precisar el emplazamiento de estos servicios que, si atentamente se mira el dibujo, podrían corresponderse con el laberíntico trazado de líneas que queda a la derecha  de la inscripción, con un contorno sensiblemente rectangular en el que destaca el trazo superior -extremo del oeste- a cuyo final se dobla en ángulo recto, indicando acaso la salida al río. La palabra se  inscribió sin duda, con sentido de refinamiento y ponderación, para señalar el lugar de un servicio esmeradamente dipuesto, que no debía ser frecuente en aquella época, o acaso no logrado en otras partes con tanta perfección y riqueza. Las aguas del río Carrión tocaban el cerro por este costado, despertando sin duda la inventiva del arquitecto y facilitando las realizaciones soñadas por su jefe.
Los términos Elhafalyad Laba, denotarían sin duda la denominación conocida de la fortaleza, acaso el nombre del señor o jefe militar que mandó construirla o la poseyó primeramente tal vez y esto parece más probable- el del arquitecto que la concibió o realizó. Los vocablos no parecen corresponder al dueño o señor del castillo, aunque la carencia del prefijo sidi o sid que sirve a nuestra aseveración, no supone argumento definitivo, por cuanto en el siglo VIII, al que es preciso referir la inscripción, ni era general el uso de esta advocación honorífica entre los caudillos invasores ni nos consta que los guerreros venidos del Yemen y Hegíaz u otras regiones del Oriente extremo mostrasen preferencias por este título  en los primeros decenios de la invasión. Aducimos esta  consideración por la mera virtualidad de que, siendo la  inscripción como parece, de caracteres cúficos y no conocidos en la dialectología berberisca, es razonable pensar que el Elhafalyad Laba corresponde al nombre del arquitecto o constructor que designa el de la fortaleza. La tradición local ha perpetuado borrosamente para este lugar el vocablo El Yugo .Pero esta denominación, tan distinta fonéticamente de Elhafalyad Laba, en nada ayuda a desentrañar el problema.
En todo caso, el dibujo y sus inscripciones nos muestran el uso de la fortaleza en los primeros tiempos de la dominación musulmana.
Suscita alguna duda la interpretación del plano, que acaso no ha de verse al modo usual, como una simple planificación superficial de las construcciones militares, sino como una representación ideada para el reconocimiento y utilización de los caminos secretos que enlazaban el centro rector con los puntos extremos del baluarte. Aquel se halla desarrollado visiblemente en un intrincado sistema de caminos que llenan un contorno exagonal bien marcado, desenvolviéndose sus relaciones con el recinto exterior a través de un camino principal orientado de norte a sur y del que arrancan otros caminos secundarios, en derivación sensiblemente simétrica y con trazados casi paralelos, mucho más numerosos hacia el oeste, como era obligado por quedar a este costado el natural y único acceso al recinto. Se hallaba este protegido, según se ha dicho, en los costados del norte, este y sur, por el infranqueable foso o jandaq, sobre el cual sólo se alzaba el paso o puente meridional, situado donde hoy sigue llamándose el "Portillo" o "Puerta de S. Juan".
Debe añadirse que del núcleo rector o palaciego del baluarte partiría hacia el oeste un camino cubierto con salida al río Carrión, destinado al aprovisionamiento secreto de agua. No es claro el dibujo o croquis en este punto, ni es de extrañar que el largo transcurso de los siglos haya desfigurado estos trazos en forma que no aparecen hoy con claridad. Más puede establecerse así con alguna verosimilitud. Y en tal caso, la palabra ham-man (baño), que parece inscrita sobre este recorrido, quizá haya de entenderse como indicadora del lugar concreto del baño en alguna cavidad hipogea o sala comunicada con el propio camino subterráneo saliente al río.
De paso, esta comunicación o salida al río nos daría un precioso enlace con la tradición milagrosa de la Virgen del Valle, a quien se atribuye el hallazgo de esta salida y, por su virtud, la conquista de la fortaleza, la erección de la primera ermita y el comienzo de su venerando culto en la advocación actual.
De un modo u otro, es evidente que el trazado del gráfico, aún supuesto de mera significación directora e interna, -como es razonable creer- ya que una representación de las construcciones superficiales y externas parecería de más escasa significación y sentido- respondería estrictamente a la organización defensiva de la fortaleza y a la comunicación de todos sus centros y servicios vitales. Puede, en consecuencia, ser tomado como base real de la reconstrucción que imaginativamente pudiera hacerse de las  desaparecidas construcciones superficiales del baluarte.
En apoyo de la interpretación que pudieramos llamar “externa” y normal del dibujo o plano fotografiado se halla el hecho importante de que los vestigios de fortificación aún subsistentes responden exactamente, en su mayor parte, a este trazado, y que no se sabe que en las excavaciones realizadas se haya topado con caminos  subterráneos dispuestos al modo del dibujo.
En favor de la interpretación que llamaremos "subterránea” y secreta está la circunstancia de que ni los baños se alimentarían facilmente, por su altura, si fueran superficiales, ni las dos torres que hoy destacan entre los vestigios, y en que vino a querer  perpetuarse el plano que comentamos, corresponden en modo alguno con el trazado de éste en su núcleo fundamental, la estrella exagonal, o doble estrella, de conocida significación histórica entre los los musulmanes, sobre la que ambas torres descansaban. A estas razones es de añadir el hecho de la aparición de notables vestigios de antigüedad en las profundidades de la loma.
Lo que sí hay que descartar con toda seguridad es la interpretación que el autor de "Historia del Condado de Castilla” da a este dibujo, atribuyendo a las palabras inscritas mero contenido fragmentario, y al trazado lineal mera significación simbólica en que cree ver influencias políticas y  culturales musulmanas, llegadas al Condado de Saldaña en los azarosos y mediocres días de los Beni-Gómez.