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El Beato de Va/cavado en el Instituto
José Maria Caballero González
Del LIBRO CONMEMORATIVO DE LAS BODAS DE PLATA DEL INSTITUTO DE SALDAÑA 

La inauguración del Instituto Laboral fue un hecho cultural de primera magnitud en el devenir de una Comarca eminentemente rural, cimentada en una sociedad sólida, con un asentamiento secular, unos modos de convivencia y unas tradiciones fuertemente arraigadas. Los distintos estamentos sociales han aparecido siempre muy nivelados. Hidalguías y blasones no separaron radicalmente a los distintos círculos profesionales. La igualdad era un signo y nunca se conocieron ni grandes núcleos de poder ni grandes terratenientes. La tierra era fundamentalmente de quienes la trabajaban siendo el recibo de una auténtica aristocracia del alma.

Pero aunque el saldañés medio vivía bajo unas formas culturales, a diferencia del conjunto de la región castellano-leonesa y sustentado también por una economía equilibrada de pequeños fundos y una gran masa de propietarios autóctonos, el crear un Centro de Enseñanza Media, cuando esto sólo era patrimonio de capitales de provincia, había de tener los caracteres de .ina acontecimiento histórico.

Como exponente de la labor creadora, en el ámbito cultural, de las gentes de la Tierra, se organizó entonces una magna exposición bibliográfica de la obra impresa lograda por escritores de la Vega, la Valdavia y la Loma. Junto a muy valiosas publicaciones mereció especial honor la exhibición del Beato de Valcavado. El Códice, con las garantías precisas que corresponden a una obra cultural, cuyo valor transciende las fronteras nacionales, fué trasladado desde la Universidad de Valladolid, donde se custodia, a este incipiente Centro de enseñanza, que, en su ámbito, prometía ser el ‘alma mater” de este entorno solariego. Así, después de cuatro siglos, retornaba, aunque fuera por varios días, al lugar donde tan primorosa obra había visto la luz.
Puesto que las piedras bajo las que se inspiró y compuso están sepultadas bajo las arcillas de la ribera izquierda del Río Carrión, séanos permitido dirigir la mirada desde el Instituto a las ruinas del viejo Castillo y deslizando la vista hacia los aires cantábricos, por las laderas de pinares y cárcavas, como en trecho de una legua y allí reconstruir con la imaginación una torre, un claustro y un cenobio donde pacientes monjes, al cobijo de las brisas de la Peña, mirando al sol de la tarde y protejidos de las incursiones bélicas de los fanatizados musulmanes, se dedicaban a la meditación y al estudio, y fruto de ambos se escribía y se pintaba para el tiempo, en imperecedero pergamino unos comentarios doctrinales para luchar contra la herejía de la época y prevenir a los hombres de la desolación del fin del mundo que se veía próximo. Todo bajo la inspiración del Apocalipsis de San Juan. Estamos en Valcavado. La llanura de Villaires termina y un corte de barranco desciende hasta el Río por el monte de Valdavina y la planicie inclinada donde se asienta el Monasterio dormido.





El Beato de Valcavado es una copia de las varias que se hicieron a los Comentarios al Apocalipsis de San Juan escrito por el Beato de Liébana.

Al decir de Menendez Pidal (1) “en el año 776, quizá en el Monasterio de Valca vado (una legua al norte de Saldaña) Beato de Liébana termina su Tractatus de Apocal,pst trabajo escriturario de gran empeño, doce libros de honda meditación sobre las pavorosas revelaciones de San Juan’Ç “Esta obra vino a ser lectura apasionante de aquellos tiempos de humillación nacional buenos para soñar con el fin del mundo y ensoñar la Jerusalen celeste’Ç Sobre la localización de Valcavado como lugar de creación de esta obra del Abad lebaniense, parece que no están de acuerdo los estudiosos del tema y que tal obra fué escrita en el bello lugar de la provincia de Santander.

El manuscrito más antiguo que se conoce es del año 926, se conserva en la Morgan Library de Nueva York y fué iluminado por Magius.


(1) “Historia de España”, dirigida por Ramón Menéndez Pidal. Tomo VI pag. XIII de la Introducción, escrita por el propio Menéndez Pidal.
El Beato de Valcavado fué escrito en nuestro Monasterio el año 970 por el monje Obeco sirviéndose con toda probabilidad de la copia antes referida iluminada .por Magius. En la lnscripción que acompaña al manuscrito se lee lo siguiente:

‘in nomine domini nostri Jesu Chisti initiatus est liber iste Apocalipsis Joannis VI idus Junius et finitus exaratus VI idus septembris sub era VIII. Deo gratias amen”. En letra distinta y más moderna: ‘Anno Domini 970”, “falta o presume el millar de la era y es año de Nuestro Señor Jesucristo 97088 de septiembre, reinando Ramiro II anno 3.~ Reg. en suas etatis 8, sub Jure Johan. Sig. Regine el Mr. fra...” (Folio 9, 2.Q columna).

El Códice, por su cronología y por su estilo pertenece a la cultura mozárabe. El texto está escrito enlatín con letra gótica ilustrado con dibujos miniados con colores planos y contrastes violentos. En ellos se reproducen escenas diversas de la época. Así poda de la vid y siega de campos de trigo, actos de vasallage al rey, jinetes y guerreros. Es muy conocido el que se refiere a la conquista de Jerusalen por Nabucodonosor y un mapamundi ovalado donde están dibujadas las montañas y mares y puestos nombres de las regiones. Las miniaturas están inspiradas en el estilo bizantino y visigodo.

Las figuras muestran una gran dinámica yvivacidad, en un marco desprovisto de naturalismo en el sentido clásico, sobre superficies planas, sin perspectiva. Camón Aznar (2) dice que hay en las miniaturas del Códice de Valcavado, como característica, “una mayor autoctonia, mayores complicaciones y un sentido más exaltado y rural de las formas, sobrecoge su potencia expresiva y vital... el de este Códice es un arte sin clasicismos, más moderno, autóctono y evolucionado que elde Magio, más milenaristay vivo’Ç

Parece que el miniaturista al pintar las figuras humanas centra su interés en la expresión de la cara, concebida con grandes ojos, de mirar alucinado, mientras que el cuerpo, revestido de pesados ropajes queda en segundo lugar. Al igual que ocurre con el Beato de Liébana, el autor coloca las pupilas en el centro del ojo, en contraposición al Beato de Gerona (año 965) que une la pupila a la linea superior de los ojos. Aquella composición denota una despreocupada alegría, ésta un cierto desencanto. En una y otra


(2) “Beati in Apocalipsin Libri Dúodecim”. Estudios de José Camón Aznar y otros. Tomo II. El Torno 1 es la reproducción en facsimil del Beato de Gerona. Edilan. Madrid 1.975.
una dramática tensión espiritual.

Algunos han visto que la finalidad de estos Comentarios al Apocalipsis era de carácter apologítico, escritos frente a las doctrinas divulgadas por el Arzobispo deloledo Elipando. Así puede deducirse de un escrito del Obispo de León D. Francisco de Trujillo hablando del Abad Beato, que situa en su Obispado yque se inserta en la España Sagrada (3) del P. Risco. En él se refiere a “un sacerdote de este obispado llamado Beato, gran catholico y muy. docto escribia y enseñaba contra ciertos errores, que Elipando creyendo que acertaba, tenia con otros que le seguian... fué Beato muy amigo de Eterio obispo de Osma, y parece que entrambos monges compañeros de un monasterior y entrambos por la verdad se opusieron a la doctrina del obispo Elipando, escribiendo contra él, que enseñaba que Cristo nuestro Redentor según hombre era hijo adoptivo del Padre Eterno. Escribió Beato otro gran libro muy docto sobre el Apocalypsis de San Juan recopilando en él lo que otros santos escritores habían dicho.’ dedicole al amigo Eterio; y aunque le hay en algunas partes, estaba uno de mucha antigüedad escrito en más de seiscientos años en aquella de Valcavado”. El obispo leonés cree que la reliquia que se conservaba en el Monasterio y hoy está en el Santuario del Valle, era de este monje a quien considera autor del Códice valcavadense.

Muy por encima de este valor está el ser fuente de meditación ante los años difíciles por que atravesaba la cristiandad, presumiendo que el año mil había de venir el fin del mundo. Así, escribe J. Pijoan (4) que las ilustraciones de Beato “son una prueba irrefutable de cómo debieron de preocupar a la humanidad los cataclismos cósmicos y castigos aplicados por alimañas y demonios, agentes de la cólera divina, tal como estaban profetizadas en la revelación de San Juan. Además, nunca el arte español ha producido nada tan hispánico como las miniaturas del comentario de Beatus. Tiene, por tanto, el doble interés de representar el estado emocional de toda la cristiandad amenazada por el milenario y de expresar con el énfasis más descarado y rotundo el alma hispánica, exteriorizándose con sus más profundas sensaciones”.

El Códice de Valcavado estuvo primero en el Monasterio y, al desaparecer este, en la iglesia parroquial del lugar, hasta el siglo


(3) “La España Sagrada”. Fr. Manuel Risco. Tomo XXXIV. pags. 380,388, 389. Madrid 1 .784. (4) “Historia del Arte”. J. Pijoan. Tomo III pag. 186. Salvat Editores. 1.970.
XVI en que desapareció para surgir luego en la Universidad de Valladolid, donde actualmente se encuentra. En la relación del viaje que Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II, hizo enel año 1 .572 por Galicia y Asturias, estuvo en Valcavado y allí vió el manuscrito. Manifiesta este autor en la Crónica General de España (5): “Yo he visto este libro y es tan antiguo que ha más de seiscientos años que se escribió.’ pues dice al cabo, que se acabó a los 8 de septiembre la Era de mil y ocho, y es año de Nuestro Redentor novecientos y setenta. Preguntados los del lugar cómo tienen allí aquel libro, responden que lo compuso su Santo. Y asi como obra suya lo guardan a/li de tiempo inmemorial”. El desplazamiento de tan egregia persona, en aquella época de difíciles comunicaciones, denota el interés que despertaban tanto el Códice como lo que aún quedaba del Monasterio.

El padre Enrique Florez recogió en el año 1 .765 el citado viaje de Ambrosio de Morales, reimpreso por Benito Cano en 1 .792 (6). En esta edición podemos leer: “Valcabado es un lugar pequeño, en este obispado de León, y allí veneran un Santo, por nombre San Víezo, cuyo brazo tiene. Tienen también un libro semejante al que ya he dicho sobre el Apocalipsis, y afirman a/II que lo escribió aquel Santo... este libro de Valcabado habian traido agora aqui a León para cotejar/o estotro de San Isidoro y así yo le ví’Ç

En el calendado relato del obispo don Francisco Trujillo se dice que “en tiempo de mi antecesor de buena memoria, su Provisor don Theóphio Guerra Arcediano de Valderas pasando por allí -Va/cavado - le tomó, y después no ha aparecido, habiendo más de seiscientos años, que estaba en aquella Iglesia”.

El Beato de Valcavado tiene también su leyenda. Se refiere cómo fué objeto, en el siglo XIX, de la picaresca y sirvió de motivo para la trama de una curiosa falacia. Antonio Blazquez (7) relata que: “una carta de Libri refiere que el Manuscrito de Va/cavado había sido adquirido en cierta Abadía (que hace muchos siglos no existe) por

(5) “Crónica General de España que continuaba Ambrosio de Morales cronista del Rey Nuestro Señor Don Felipe II”. Tomo VII. Pags. 132 y 133. Madrid 1 .791.
(6) “Relación del Viage que Ambrosio de Morales, cronista de SM. hizo por su mandado el año 1.572 en Galicia y Asturias: publicado la primera vez por el Rmo. P. M. Tro. Fr. Enrrique Florez en Madrid el año 1.765; y reimpreso por O. Benito Cano en 1.792”. Tomo X, segunda parte titulada “Las antigüedades de las ciudades de España que van nombradas en la crónica con las averiguaciones de sus sitios y nombres antigüos que escribiera Ambrosio de Morales”. Capitulo “Libros de San Isidro de León”. Pag. 68.
(7) “Los Manuscritos de los Comentarios al Apocalipsis de San Juan por San Beato de Liébana”. Antonio Blazquez. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. Año X, AbrilMayo 1.906. Pags. 257 y siguientes.
M. Roberto Frasinelli de Madrid, a cambio de un reloj de plata, de valor de 30 pesetas, que fué adquirido por 7.500 francos, y pasando, por último a ser propiedad de LordAshburnham, en cuya librería se encuentra’Ç El autor explica que Libri vendió un manuscrito al noble Lord inglés haciéndole pasar como que era el de Valcavado por el precio de 12.500 francos cuando él sólo había pagado 1 .500, basándose en la descripción que hace de él el obispo Francisco Trujillo y la época en que le supone escrito y de que había otros manuscritos del siglo X, le asignó por fecha el siglo IX para que superara en valor a todos ellos. “Sea cualquiera el origen del ejemplar de Lord Ashburnham, y la fecha de su escritura, aseguramos que no es el de Va/cavado, y hasta nos atrevemos a affrmar que aquél en vez de ser anterior al siglo X, es posterior, por que cuando se apeló a ficciones para realzar su mérito hay que sospechar que no lo tenía’Ç




II

Poco se sabe sobre la figura de este oscuro Oveco, autor del Códice. Al comienzo del manuscrito se lee:

‘Sempronius abba Librum hoc opus ut fieret abba Sempronius instantia egit, cui ego oveco indignus mente obediens devota depinxi”.

En el folio 1 vuelto, con caracteres distintos consta:

“Escribiolo un Santo Presbytero oveco que sabia mas de amor a Dios que de gramatica y ortografia latina y de dibujo. Tambien hay un fragmento en las Etimologias de San Isidro. Era abad de Valcavado que lo mandó escribir Sempronio”.

En la inscripción transcrita muestra el autor espíritu de humildad y nos dice que obedece a su abad Sempronio. ¿Fué este el verdadero inspirador y el monje utiliza una forma ritual en la disciplina monacal?. No parece lógico contestar afrimativamente a esta interrogación puesto que se trataba de copiar otro ejemplar anterior que según hemos visto era el copiado, a su vez, por Magio del primitivo Tractatus.

Por más que en la escritura añadida al Códice se desprecia a Oveco, situándonos en el tiempo en que fué escrito hay que
admirar, sin ningún género de duda, que estaba dotado de excelentes cualidades artísticas además de adornado de preciosos valores de santidad. Tal vez se tratase de un oscuro clérigo con excelente predisposición natural y dedicado a la meditación sin pretensiones mundanas.

Se le ha confundido con Beato de Liébana, pero tal aseveración ha de rechazarse rotundamente por cuanto este vivió dos siglos con anterioridad. Tampoco tiene fundamento la afirmación que hace el obispo de León D. Francisco Trujillo en el escrito antes mencionado cuando dice que: “fué Beato de este nuestro obispado natural y según por conjeturas se puede bien creer, de junto a Saldaña. por que en una aldea cerca de aquella villa, que se dice Va/cavado, la Iglesia Parroquial de ella muestra mucha antiguedad, y habiendo sido más que parroquial, teniendo manera de algún monasterio antiguo, a donde se entiende, que vivió yse enterró e/Monje Beato y ahora se tiene allí en mucha veneración un medio brazo suyo desde el codo, con su mano, su hueso, carne y nervios y por su respeto nadie se entierra, ni ha enterrado dentro de la Iglesia del lugar, creyendo que él y otros santos antiguos fueron allí enterrados. Fué Beato muy amigo de Eterio obispo de Osma... Beato en su tiempo fué tenido por gran letrado y de mucha santidad, yen esa reputación quedó en las historias, que nunca acaban de sublimar/e contándole por santo. Está corrompido su nombre en aquel lugar de Va/cavado que de Beato han hecho Bieco. Vivió en los tiempos del Rey Mauregato a vuelta de los años setecientos ochenta y ocho”.

La descipción de Trujillo coincide con la que en la Crónica General de España de Ambrosio de Morales se hace y en la que consta que “en la Iglesia deste lugar -Va/cavado- tienen en gran reverencia un cuerpo de un santo, que ellos llaman Santo Vieco, habiendo corrompido de esta manera el nombre antiguo de Beato, y fuera de su sepultura tienen un brazo suyo, que muestran con gran veneración. También tienen aquella obra del Santo Varón sobre el Apocalipsi, escrita en pergamino en letra gótica”.

En la relación del viaje de Ambrosio de Morales que publicó Enrique Florez y fué reimpreso por Benito Cano en 1 .792, del que ya hicimos mención, se dice: “Va/cavado es un lugar pequeño, deste obispado de León, cerca de Saldaña, y allí veneran un Santo, por nombre San Viezo, cuyo brazo tienen. Tienen también un libro semejante al que ya he dicho sobre el Apocalipsi, y afirman allí que lo escribió aquel Santo”.

En verdad que no se encuentra ninguna explicación para atribuir
la paternidad del Códice a Beato, puesto que en su inscripción se habla de Oveco como autor. Tampoco la tiene el pensar que la reliquia fuera de aquél. No muy alejado en el tiempo de la visita de Morales ni del que vivió Francisco de Trujillo, hemos visto en el maltrecho archivo parroquial de Valcavadillo, a cuya juridicción pasó Valcavado, que en la documentación de la visita pastoral que hizo el 28 de septiembre de 1 .634 el obispo de León Don Bartolomé Santos de Resoba (natural de Santervás de la Vega) se dice que “visitó la reliquia que en e/dichoAltar -Mayor-, está de San Obeco’Ç Un año después, al ser despoblado el lugar ordena su traslado procesional y con gran solemnidad al Santuario del Valle. En el Libro de apeos de la ermita se dejó constancia de este hecho en los siguientes términos:

“Trájose la reliquia del Santo Obeco que estaba en la Iglesia de Va/cavado en 29 de julio de dicho año 1.635 a la ermita de Nuestra Señora del Valle por haberse despoblado el lugar y no haber quedado vecino en él, y estar depositada la dicha reliquia por comisión que dió el obispo de León, Don Bartolomé Sontos de Resoba a/Licenciado Juan Gallo, cura de/a parroquia/de San Pedro de esta Villa, la cual dicha reliquia la llevó e/dicho cura de San Pedro de la Iglesia del lugar de Va/cavado a la dicha Ermita en solemne procesión y se sacó de limosna en la dicha Ermita doscientos y veinte reales”i, “gastose de cera veinticuatro reales en sus hachas que ardieron desde la Iglesia de Va/cavado a la Ermita de Nuestra Señora y de llevar el pendón y otros gastos necesarios para la autoridad de la procesión’~ En una nota marginal se dice: “este santo se llama Beato, fué abad de Va/cavado” (8).

Hemos transcrito íntegramente estas referencias, con su realismo y plasticidad, como prueba de la gran veneración y estima que se tenía de esta reliquia en toda la comarca y que contrasta con la indiferencia con que hoy se la contempla. Tan es así que hasta hace muy pocos años estaba colocada en el propio camarín de la Virgen.

Como se vé la confusión no es pequeña, puesto que para algunos la reliquia corresponde a San Beato a quien además se le considera autor del Códice. Si este se escribió en el año 970 y Beato vivió dos siglos antes, como se reconoce unánimemente, incluso el mismo obispo Trujillo, no puede ser su autor. Este fué Oveco. Así reza en el libro, tanto en la escritura originaria, como en la nota posterior del


(8) Libro de Apeos. Santuario de Santa María del Valle. Folio 100.
folio primero, donde se cita como tal a un santo presbítero.

La autenticidad de la reliquia puede ser más discutible, por suponer algunos que San Beato falleciera en Valcavado. No son pocos los que creen que vivió en éste Monasterio, pues el propio Menéndez Pidal, según vimos al principio, dice que quizá en él termina su Tractatus de Apocalipsi, y en la Historia Sagrada del Padre Risco, al hablar de los santos del obispado de León, refiriéndose a San Presbytero y Abad Beato se manifiesta que “el docto P. Mobillón fué de dictamen que Beato vivió en un Monasterio fundado en e/pueblo de Va/cavado cerca de Saldaña, de/que trata Argaiz en el tomo 6 pag. 163. Pero no teniendo este erudito para justificar su pensamiento que el de la vida sacada por Tamayo de un leccionario antiguo de Astorga que jamás existió, no debemos adherirnos, a su sentencia, sino descubrir por otros medios la verdad’

En cambio es totalmente seguro que los vecinos del lugar decían que el manuscrito lo escribió “su Santo”, refiriéndose a la persona a la que pertenece la reliquia. Por tanto, este santo, autor, vivió en el siglo X, en que se confeccionó el Códice, según su propia data. Este testimonio popular destruye toda sospecha de que el venerado brazo fuera del Abad lebaniego Beato.

Tampoco es infrecuente que a Oveco se le considere como santo, más por tradición que por prueba documental fehaciente. Lo que es evidente es que la persona de quien procede la reliquia tuvo fama de santidad, pues no siendo así no se justifica tan acendrada veneración y el que las gentes al hablar de su Santo se refiriesen a San Oveco. Prueba muy estimable es como el Obispo de la Diócesis, en la visita pastoral de que hemos hecho mención, en el año 1 .634, lo nombra como San Oveco, centrando su atención directa en la reliquia (“visitó la reliquia”). Está corroborado además por las solemnidades y honores con que se trasladó al Santuario de Santa María del Valle.


III

En el folio primero vuelto del Códice, se lee, escrito en fecha posterior:
“procede del Monasterio de Valcavado, que es agora

arcedianato de Saldaña”.

Los historiadores que a través del tiempo se han ocupado del Beato
de Valcavado, sitúan, sin excepción, éste lugar en las proximidades de Saldaña, indudablemente por la importancia de esta Villa a través del tiempo: primero, como Condado, significado además por sus luchas contra el imperialismo leonés, protagonizadas por Diego Muñoz y sus descendientes los Beni-Gómez; luego, como cabeza de Merindad, de Señorío, de Corregimiento y Partido Judicial. Así el obispo Trujillo dice que Beato según conjeturas, que se pueden bien creer, vivió en una aldea junto a Saldaña que se dice Valcavado y en la Crónica General de Ambrosio de Morales se dice que “Va/cavado es un lugar cerca de Saldaña, y quasi a la halda de aquella parte de las montañas, que suben a Liébana: así que está bien cerca della”i

El pueblo de Valcavado estaba situado al norte de Saldaña, en la Vega, una legua aguas arriba del rio Carrión y sus campos eran limítrofes a los de Villaluenga, Gaviños yValcavadillo. Allí existió un Monasterio que según Argaiz fué fundado en tiempos de Chindasvinto, en el año 641. Allí se escribió el Códice, pues aunque ninguno de los que le vieron en el lugar lo dice expresamente sino que estaba depositado en la Iglesia del lugar, era porque a la sazón, el cenobio ya no existía, y sólo quedaba de él el templo. Por ello el obispo Trujillo se admira de la configuración de aquél y textualmente dice: “La Iglesia Parroquial de ella -se refiere a la aldea de Valcavado- muestra mucha antiguedad, y haber sido más que parroquial, teniendo manera de algún Monasterio antiguo, a donde se entiende, que vivió y se enterró el Monje Beato”. El propio Códice según ya hemos anotado, en la inscripción consigna que el autor, Oveco, lo escribió por mandato de su Abad Sempronio. Había, pues, una institución monástica.

El Monasterio estaba bajo la advocación de San Andrés y no de Santa María, como algunos suponen. Así lo hemos comprobado en la maltrecha documentación que se conserva en el archivo parroquial de Valcavadillo y muy especialmente en el acta de derribo de que haremos más amplia referencia. También se ha venido sosteniendo que estuvo habitado por frailes benedictinos, sin embargo el insigne historiador Don Julio González González afirma que “lo constituían clérigos y no hay que pensar en regla benedictina” (9). En cuanto a su construcción, tanto por la época en que fué erigido, como por los modestos restos arquitectónicos que hemos encontrado recientemente podemos afirmar que fué de tipo mozárabe.

(9) Artículo sobre Monasterios de Saldaña. Julio González González. “Diario Palentino” pags. especiales de la Festividad del Valle, septiembre 1.975.
Su esplendor lo alzanzó en los siglos X y Xl. Hay quien considera que durante los siglos noveno y décimo fué residencia de algunos obispos palentinos, pues al ser destruida la Ciudad por los moros, la sede episcopal estuvo vacante durante acaso tres siglos. Una de las fuentes para asegurar esta circunstacia es la referencia que hace el Cronicón Hispalense, en el que se dice: “in valle dicto Cavato, prope Pisorgium constructum est Monasterium benedictinum in quo per mu/tos annos Episcopi Pa/en tini, tempore maurorum permanserunt’~ Como se vé se sitúa nuestro Monasterio cerca del Pisuerga. Ello puede ser por referirse al río principal el Pisuerga del que es afluente el Carrión. Realmente por el texto íntegro de la noticia no podemos formar un criterio incuestionable de este hecho. Sin embargo, Lucrecio Martínez y Pérez (10) se inclina firmemente a favor de la tesis de que los prelados palentinos residieron allí. Se basa también para ello en que según Argaiz, en tiempos de Alfonso III, fue elegido obispo de Palencia Abundancio quien fijó su sede en Valcavado para su seguridad personal, del culto y de su misterio, no lejos de Saldaña y de las montañas de Liébana, y de que aquél año (932) un obispo firma: Julianus Valcavadeus Episcopus, y en un documento de donación del año 937 hay una firma de Juliano, obispo de Palencia, que pudiera ser el mismo que residía en Valcavado.

Del siglo Xl hay diversa documentación que hace referencia al Monasterio. En el año 1 .036 sabemos que su Abad se llamaba Gonzalo porque aparece firmando en Santo Toribio de Liébana una donación. En 1 .087 Citi Velázquez y su esposa Sancha García ceden a aquél su palacio de Gaviños y bienes en Quintanilla, Renedo, Portillejo y otros lugares, disponiendoque a la muerte de cualquiera de ellos pasen al conyuge superviviente y si este llegase a tan avanzada edad que no pudiera cultivar las heredades pasaran al Monasterio de Valcavado con obligación de que le suministrara comida y vestido, como a uno de sus clérigos. Fueron enterrados en él.

La infanta Doña Elvira Fernádez, señora de Toro y hermana de
Alfonso VI, le hizo donación de una cruz de plata labrada que en
1 .118 la Reina Doña Urraca, sobrina de aquella, la mandó deshacer
como antes había hecho expolio de otros objetos del mismo metal.
Todo ello produjo la indignación de los vecinos de la Comarca, y así


(10) “El Monasterio de Valcavado y San Beato de Liébana”. Lucrecio Martínez y Pérez. Publicaciones de la Institución “Tello Téllez de Meneses”. NY 32, Palencia 1.971 , pags. 247 y siguientes.
los de Barrios y los judios de Bergüa, acaudillados por el hidalgo Tello Fernández y su mujer Doña Toda acudieron al Monasterio sin poder evitar el desafuero.

Aquí desaparece las citas de la época sobre el Monasterio. Del lugar existen referencias como de los demás de la jurisdicción de Saldaña, hasta que en el siglo XVII se despuebla totalmente. En el Libro Becerro de las Behetrías figura en la Merindad de Saldaña como lugar de abadengo del Monasterio de Sant Zoyl de Carrión. En el archivo del Ayuntamiento de Saldaña, en los legajos de Villa y Tierra hay numerosas referencias tanto al lugar como a sus vecinos. Al despoblarse, su Término, de poca extensión, se integra en el de Saldaña que forma un pago bajo la denominación de Valcavado, situado en la margen derecha del Río, excepto una explanada, justamente donde estuvo el Monasterio, que se halla, según hemos dicho, en la ribera izquierda al final de las laderas de Villaires, separándose este terreno del Campo de Valcavadillo por una pequeña corriente de agua natural llamado Arroyo de Valcavado.

En la década de 1 .940, al hacerse una revisión del Catastro de Rústica, algunos propietarios de fincas de este pago, vecinos de Santa Olaja, consiguieron ante la pasividad del Concejo de Saldaña, que pasaran a tributar en Víllaluenga de la Vega debido a que la valoración de las tierras en este Municipio era menor y por tanto, las cargas fiscales menos gravosas.

Por todo ello, es inexacta la localización que se hace en el Diccionario de la Historia Eclesiástica de España (11). Se le sitúa en el lugar de Valcavadillo, Municipio de Villafruel. Si es cierto, en cambio, la afirmación que de; Monasterio de Valcavado “a principios del siglo XVII sólo perduraba la Iglesia en ruinas”. En el orden canónico la Iglesia de Valcavado fué un anejo de la Parroquia de Valcavadillo y servida por el Párroco de este lugar.

La Iglesia del Monasterio, que fué su último reducto, causó siempre admiración por su traza monástica y pese a los buenos deseos del Obispado de León, la desidia de los lugareños hizo que poco a poco fuera arruinándose. Una prueba de aquél interés lo encontramos en la atención que mereció al Obispo Bartolomé Santos de Risoba, que en la visita que realizó el 18 de abril de 1 .649, pese a haberse trasladado ya por orden suya la reliquia al Santuario


(11) “Monasterio de Valcavado”. Diccionario de la Historia Eclesiástica de España. Instituto Enrrique Florez del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid 1 .975. Tomo IV. pag. 2.378.
del Valle, consigna en el acta que leemos en el Archivo Parroquial de Valcavadillo como mandó “que se acabe de lucir la Iglesia y cumplir y executar lo que en la visita pasada se mandó”. También que se pongan a censo veinte y mil maravedíes para que la Iglesia tenga un poco de renta más para poderse conservar y se cuide mucho de su reparo y decencia por ser templo tan antiguo y por ser tradición que están enterrados muchos cuerpos de personas de santa vida y opinión”

De la incuria y apatía de las gentes de aquella época es prueba la resolución de demolerlo. Al cura de Valcavadillo ni siquiera le mereció los honores de documentarlo a medio de un acta sino que se limitó a consignar una “ADVERTENCIA”, eso sí, escrito con trazo fuerte. Con gran tristeza no nos resistimos a transcribirla ya que si el momento de su erección es borroso no lo es el de su aniquilamiento.

En la “advertencia” se dice que había demolido la Iglesia de Valcavado “con licencia del ordinario y el cual mandó con precepto, por ser disposición del Concilio Tridentino tuviese obligación de herigir y levantar un altar del patrono de la Iglesia deValcavadoyde otro modo no daba Iicencia para que dicha Iglesia se demoliese, en la ya consideración se demolió y levante el Altar del Glorioso San Andrés y que ya quedó por titular de la Iglesia de este lugar de Valcavadillo, y para que quede memoria y le tengan por tal titular mis sucesores lo firmo...” y lo firma Thomas Herrero el día 28 de abril de
1.693.

Ciertamente que en ninguna memoria tuvieron los sucesores del poco afortunado Thomas Herrero. En la Iglesia de Valcavadillo ni existe ningún altar de San Andrés, ni este Santo es considerado cotitular del templo. Parece, sin embargo, que el tiempo se resiste a borrar por completo la existencia de Valcavado. En el año 1 .71 6 se hace un apeo de los bienes de la extinguida Parroquia. Se hace notar que las tierras y prados por estar cercanos al Río Mayor “con las grandes crecientes y llenos se las ha llevado” y sólo queda un prado ordinariamente atravesado por las aguas.

El lugar de emplazamiento del Monasterio está integrado en la Finca Villaires, propiedad del Marqués de la Valdavia, por adquisición efectuada en el año 1 .925. Es interesante advertir que en el Catastro del Marqués de la Ensenada, obrante en el Archivo Municipal, entre los bienes del Concejo figura el Monte Valdaviana, señalando como lindero Norte, Valcavado, que disfrutaba, según se dice, el convento de San Zoilo de Carrión. Ello es congruente con lo que más arriba consignábamos de que esta aldea fué territorio de
abadengo perteneciente a aquél.

El Monasterio yace sepultado bajo las tierras arrastradas por las lluvias que descienden por las laderas de Villaires. Esta masa de aluvión está inclinada y el espesor comienza en unos 50 cms. para llegar a juzgar por los sondeos que hemos realizado hasta alcanzar la altura de casi 2 m. sobre el suelo. Apasionante tarea la de levantar el velo arcilloso de este edificio monacal que guarda elementos arquitectónicos de una época y de un estilo de los que existen pocos ejemplares en España.

En el solar, sobre el que aún afloran multitud de tejas y elementos de construcción que resisten un enterramiento forzoso, en el año 1 .967 no pudimos resistir la tentación de hacer un sondeo con nuestras pequeñas fuerzas, y una tarde, guiados por el encargado del Caserío de Villaires, Asterio de las Heras Diez, que una y otra vez nos repetía haber oido decir a sus mayores que allí hubo un monasterio muy importante, descendimos acompañados de otra persona amiga, hasta el lugar, en un inolvidable recorrido, provistos de una pequeña azada. Pronto tuvimos la suerte de encontrar un muro y algunos restos humanos.

Posteriormente he realizado algunos otros sondeos, llegando a descubrir nueve sepulcros de piedra de los siglos X y Xl, sin inscripciones, algunos otros enterramientos, más restos de muros, piso empedrado y un suelo de cal con incrustaciones de gruesas teselas de barro cocido, que me parecen de arquitectura mozárabe; así como un vasija de barro y dos monedas de bronce (una de ellas de Felipe II). Facilmente puede adivinarse la emoción que durante muchas horas, ejercitando este bello juego de descubrir el Monasterio dormido, he sentido. Y más de una vez he pensado si estos sepulcros contendrán los cuerpos de las personas de santa vida y opinión que según el Obispo leonés están allí enterrados.

El tiempo implacable y las arenas del barranco vuelven a cubrir lo poco que habíamos rescatado. Al finalizar esta pequeña historia hemos de dirigir la mirada y el recuerdo a lo que aún perdura, el Códice del Beato de Valcavado, una joya de valor universal que se engendró en esta Tierra y es admirado por espíritus eruditos o que simplemente saben vibrar ante ese fenómeno eterno que es la cultura.