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Recopilado de: http://www.humano.ya.com/durrutivillegas/
creada por JOSÉ MANUEL FUENTES BAÑOS

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Villanueva de Abajo es un pequeño pueblo de la
provincia de Palencia. Se encuentra al Norte y se podría decir que es
casi el último pueblo de la Meseta. Está a una altitud de unos 1.100
metros y se encuentra ubicado en un pequeño valle rodeado de bosque de
roble. Durante el año, viven unas 20 personas, que se dedican a la
agricultura y a la ganadería. La población se incrementa de manera
importante a partir de la primavera y durante los meses de verano. Es un
pueblo precioso, ideal para perderse y disfrutar de la naturaleza, de la
tranquilidad y del silencio.
Para llegar hasta él se ha de hacer por carretera.
Si se hace viniendo del norte, el pueblo de referencia es Respenda de la
Peña donde se encuentra el desvío y si se viene del sur, el desvió se
encuentra en La Puebla de Valdavia, dirección Cornoncillo.
El territorio del pueblo es muy grande y se
extiende hacia el oeste por el páramo unos 12 o trece kilómetros
formando un gran rectángulo. La mayor parte del terreno está plantado
de pinos y el resto se distribuye entre tierras de cultivo, bosques de
roble y algunas extensiones de brezales.
En el valle, por el que discurre un río de escaso
caudal, afluente del Valdavia, hay tres pueblos más que son Fontecha,
Cornoncillo y el Barrio de la Puebla. Los cuatro pueblos están unidos
por una carretera local, estrecha, pero poco transitada,de unos 15 kilómetros.
El clima, debido a la altitud, es continental y la
mejor época para visitarlo y vivirlo es el verano, ya que los rigores
del estio se soportan con comodidad y no es raro, en pleno estación
estival, ver alguna chimenea lanzando humo cuando el sol declina y el
viento de levante o gallego empiezan a soplar.
Sin duda, uno de los espectáculos más
interesantes que se pueden disfrutar es de poder mirar un cielo lleno de
estrellas en las noches de verano.
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La historia de Villanueva de Abajo va pareja, sin duda, a la de
la zona norte de la provincia y hay que pensar que debido al clima y a
la orografía los primeros habitantes de la zona pudieron ser pastores
nómadas. Probablemente el primer pueblo importante que habita estas
tierras del norte hacia el siglo VI a. de Cristo es el pueblo celta,
no estando claro si es la tribu de los Tiburos o la de los Vacceos
quien domina y controla la zona. De cualquier forma, la proliferación
de nombres relacionados con Castro, Castrillo, Castrejón de algunos
pueblos hacen pensar en una fuerte presencia de los Tiburos que
acostumbraban a vivir en pequeños castros.
Los romanos llegan a la provincia de Palencia entre los años
153 y 133 a. de Cristo y no es has el 73 cuando pueden vencer la
resistencia de las tribus. En el año 29 a. de Cristo comienzan las
llamadas guerras cántabras. Precisamente es la legión que dirige César
Augusto la que pasa por la zona de la Valdavia camino de Bucca de
Arduum (Guardo) y Fontes Tamáricas (Velilla del río Carrión) en el
año 25 a. de Cristo. La guerra contra los cántabros duró cinco
largos años y fue muy dura y sangrienta.
Es de suponer que durante la contienda, y guiándonos por los
nombres, la presencia que tuvo la zona en la época tuvo que ser
importante. Congosto (Coangustun) fue probablemente un campamento
auxiliar o base de operaciones de la legión Romana. Cornoncillo que
significa almacén o despensa del ejército. Tablares que procede de
Tabellaris y significa mensajero o correo. Fontecha (Fontecta) que
significa fuente con techo o techada. En medio queda Villanueva. La
palabra Villa significa casa de campo. Bien pudiera haber sido la casa
de algún alto cargo del ejército mientras duró la contienda.
La creencia de que Cuerno (hoy Santana), Cornoncillo y Cornón
eran las tres puntas de la legón romana que avanzaba en forma de cuña
podría tener algo que ver con la realidad histórica, aunque parece
una hipótesis más bien original, sin confirmar y de la que los
historiadores de la época no hablan. No obstante tiene su encanto y
hasta misterio si nos atenemos a los nombres y a la figura de triángulo
o cuña que forman las líneas imaginarias que forman los tres
pueblos.
Los años posteriores de dominación romana se supone que fueron
de tranquilidad y por las villas romanas encontradas en la provincia,
aquellas tierras contribuyeron a abastecer al imperio de Roma de
trigo.
La dominación visigótica también dejó su marca, en el
territorio (San Juan de Baños) y otros restos y probablemente, fue
cuando se afianzó el cristianismo por estas tierras.
Con la ocupación árabe, el territorio sufrió razias y
destrucción por lo que la mayoría de los habitantes o murieron o
quedaron reducidos a servidumbre.
El norte se repobló con foramontanos, gente venida de las montañas,
siendo Brañosera, un pueblo de la provincia, el primer municipio de
España en el año 824. La repoblación de la Valdavia y sus
alrededores se consigue de forma definitiva en el reinado de Alfonso
III (869-911) y es el Monasterio de San Román de Entrepeñas en
Santibáñez de la Peña, la auténtica cuna de la repoblación de la
zona. Los colonos procedían de las peñas y también fueron mozárabes
venidos del sur desde el monasterio de Valcavado. La vida giraba en
aquella época en torno a monasterios y fueron muchos los que se
crearon por la zona. Precisamente Villanueva quiere decir Villa nueva
o repoblada.
Los siglos posteriores ya están más presentes y reflejados en
la historia y la zona de Villanueva y alrededores no destaca por ningún
hecho histórico digno de mención. Los habitantes se dedicaron a lo
largo del tiempo a la agricultura y a la ganadería, manteniéndose en
su forma de vida la austeridad, el trabajo duro del campo y la religión
católica como motor e impulsor de sus vidas. De espíritu conservador
y tradicionalista hasta nuestros días.
Por los años sesenta del siglo pasado, con la desbandada de la
emigración y la marcha de muchos jóvenes a estudiar a colegios y
seminarios, el pueblo fue perdiendo habitantes y poco a poco se ha ido
envejeciendo quedando en la actualidad una veintena de habitantes
estables durante el año. Menos mal que los emigrantes siguen
volviendo cuando llega el buen tiempo y mantiene viva la esperanza de
que no acabe del todo.
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Villanueva de Abajo es un pueblo ideal para
descansar y para pasear por los diferentes y variados lugares que
conforman el término municipal. El valle donde se encuentra ubicado está
surcado por una estrecha carretera de escasa circulación, por lo cual
el ruido y la contaminación son inexistentes y a veces hasta se
agradece el ruido de algún motor de coche para sentir que la vida no se
ha detenido del todo.
El pueblo, que está cuidado con mimo con casas
recuperadas y jardines públicos, se anima a partir de la Semana Santa
con la llegada de los primeros jubilados que vienen a pasar unos cuantos
meses hasta que lleguen los días del frío invierno.
Una de las actividades más practicadas es la de ir
a pasear por los muchos lugares posibles con los que cuenta el término
y no es raro ni difícil encontrar por las mañanas a al atrdecer gente
practicando tan saludable deporte.
El pueblo tiene lugares atractivos a los que ir
paseando y en los que gozar y disfrutar del paisaje, el silencio y la
belleza del campo y la natulareza.
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Las fiestas patronales del pueblo son para la
Virgen de Agosto. Por esos días se dan cita un gran número de hijos
del pueblo y sus familias que han arreglado la casa y la usan para pasar
unos días de vacaciones.
Normalmente se programan una serie de festejos y
actividades para que todo el mudo pueda participar y disfrutar de la
fiesta. Hay juegos para los más pequeños con regalos. Concuros de
cartas y de bolos, tanto masculino como femenino. Una gran torrezanada,
acompañada de morcilla y chorizo, todo ello hecho a la parrilla y a la
que se invita a todo el que quiera ir. Una chocolatada. Una cena de
hermandad a la que etan invitados todos los vecinos. Y para que la
alegria no decaiga, musica, a cargo de una orquesta que suele
interpretar los viejos temas de toda la vida.
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BOLOS Y OTRAS ACTIVIDADES
Con este pretencioso titular tan solo pretendo dar a conocer una
de las actividades lúdicas y deportivas más arraigadas en el pueblo y
en su memoria. Se trata del juego de bolos en su variante del bolo
palentino. Juegan dos equipos que normalmente se eligen tirando la perra
o moneda al aire. Se juega con nueve bolos grandes y uno pequeño
llamado miche. Cada bolo vale un punto y el del medio del castro, dos
puntos, cuando se tira solo. El miche vale cuatro puntos cuando se tira
para arriba.
Los bolos se hacen normalmente de zalce u otras maderas. Las
bolas, que suelen ser grandes y pesadas, están echan sobre todo de olmo
y chopo.
El equipo que juega en segundo lugar o el que pierde el juego es
el que hace la raya y pina el miche. Cada juego es a dos vueltas: tira
un equipo para arriba y para abajo al que responde el contrario para
intentar superarlo. En la segunda vuelta se vuelve a jugar teniendo en
cuenta los bolos sacados y dejados en la primera y acaba el juego el
segundo equipo intentando ganar.
Para arriba se tira desde el pato o lugar fijo y para abajo desde
donde ha quedado la bola, aunque por razones de espacio y comodidad se
permite al jugador ponerse en linea recta con el juego si lo desea.
Cuando una bola jugada para arriba no pasa la raya o no la toca con algún
punto de su esfera es bola quedada y no juega aquella tirada por lo que
sus puntos no se suman.
La partida normalmente se gana cuando un equipo hace cuatro
juegos, aunque después si aún hay luz se pueda hacer la cabra o dar la
revancha. El trofeo suele ser el vino o las bebidas que se hayan
consumido y que pagarán a escote los jugadores del equipo perdedor.
Antiguamente se jugaba en la explanada de la escuela, pero en la
actualidad se juega en la franja que hay al lado de la iglesia.
Para la fiesta se suele hacer un concurso individual masculino y
otro femenino en el que hay premios y sobre todo emoción y buen
ambiente.
A los bolos se juega casi exclusivamente en verano, cuando
veraneantes y jubilados están por el pueblo pasando el tiempo libre o
disfrutando de sus vacaciones.
Otras maneras de pasar el tiempo, aunque no se puedan considerar
deportes, son los juegos de cartas en el bar de la sociedad "Los
Robles" donde se montan partidas los fines de semana y concursos
para la fiesta. Habitualmente se juega al tute y a la brisca.
El otro deporte más practicado, aunque sin reconocimiento de
ninguna federación, es el de caminar. Villanueva tiene infinidad de
lugares a los que ir y muchas rutas que se pueden hacer a pie.
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El futuro de un pueblo como Villanueva o cualquiera de los pueblos
de la zona o de cualquier zona rural del país pasa por que todos
tengamos el interés suficiente y necesario para que este futuro sea
cierto y no incierto.
En primer lugar, las administraciones públicas han de invertir
algo más que palabras en los pueblos y crear los servicios necesarios y
las condiciones idóneas para que la gente no siga marchándose de los
pueblos y si es posible, vuelva. Para ello se han de crear centros
industriales que puedan reactivar los sectores laborales en el campo y
dar oportunidades a sus habitantes, se han reactivar servicios enfocados
al turismo rural, pero de forma integral, para que el turismo no sea
solo de paso. En definitiva, se ha de invertir en futuro y no acabar por
destruir el poco tejido laboral tanto del sector primario y secundario
que aún queda, sin olvidarse del sector servicios.
La segunda opción pasa por que los que aún quieren que el pueblo
siga vivo, lo conserven, lo cuiden, lo mimen, lo quieran y lo vivan en
la medida de lo posible. Afortunadamente, en Villanueva está muy
arraigado y de momento, la gente sigue volviendo aunque solo sea en el
buen tiempo. ¿Pero, qué pasará cuando se hayan ido los últimos románticos?
Seguiremos soñando en que nunca se acabe, aunque solo sea para que siga
vivo lo de: "Tener un sitio querido donde poder volver"
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