De
la merindad al señorío de Saldaña
Julío González
Del LIBRO CONMEMORATIVO DE LAS BODAS DE PLATA DEL INSTITUTO DE SALDAÑA
Desde la repoblación del siglo IX hasta el XI, sobre un
conjunto de comarcas sobresalía la de Saldaña como núcleo principal de unidad, gracias a su posición geográfica y también al conde que estaba al frente de ¡a demarcación.
Después, desde que los condes fueron desplazados por la administración regia, estas tierras vieron torcerse su suerte: si por un lado parecía reforzarse la unidad de las mismas con la organización del merino, por otro el rey fué apartando pedazos de su jurisdicción a favor de los señores.
En el siglo XII en que destacaba la autoridad real, incluso se acentuó la disgregación de esas tierras confiando el rey su gobierno a varios
tenientes donde antes había un solo conde. Eso podía pa liar-se instituyendo el rey un merino regional para velar por ¡a recta administración de justicia y por la recaudación de impuestos y rentas reales. La unidad de la merindad saldañesa no había de romperse ni aún en los casos en que la superficie del territorio y la complicación jurisdiccional actuaba simultáneamente dos o más merinos, lo mismo que en tierra de Burgos. Durante los siglos XII y XIII el título que ostentaban era el de ‘merino de Saldaña”, sin revelar subordinación entre sí, ¡o cual hace pensar que el poder era igual en todas las tierras de la merindad y que actuaban por comarcas.
Eso parece razonable considerando que la merindad de Saldaña era de las mayores de Castilla. Es más, el rey era el que nombraba merino mayor para todo este reino, y éste a su vez el que designaba los merinos regionales, pero los de Saldaña con frecuencia debían el cargo al favor regio.
La vinculación de varias comarcas en una merindad revela afinidades históricas y económicas. En primer lugar dentro de la de Saldaña se situaba la comarca de la Peña, común cabecera para las tierras del río Avia, del Carrión y aun del Cea. En ella destacaba como centro principal el ya
arcaico de 5. Román de Entrepeñas con
su castillo y su monasterio, aunque de cara a las tierras del Carrión tuviese tanta importancia militar el castillo de Guardo. Entraba en su demarcación cerca de medio centenar de pueblos, desde Cantoral y Baños hasta Mantinos y Villalba.
Como prolongación del anterior en la meseta la Valdavia tenía menos número de pueblos y carecía de un núcleo defensivo o administrativo de importancia; el de Buenavista no se había formado y el Monasterio de 5. Pelayo se renovó en 1.132 desde Saldaña.
La comarca oriental, tan antigua como la de Saldaña, era la del Cea y Valderaduey, con su cabecera concejil y castillo en Cea y su antiguo y señorial Monasterio de Sahagún.
Por último las tierras de Loma y Vega constituían el núcleo central de la merindad, en superficie yen población. De las cuatro comarcas de la merindad el territorio ó alfoz de Saldaña era el más fuerte por su posición y peso socio-económico, en el que iba envejeciendo el castillo con su Monasterio de Valcavado y el pueblo. Ese alfoz en el siglo XII tenía cerca de 60 núcleos rurales de población,
constituida fundamentalmente por un vecindario de pequeños propietarios libres.
Hasta la época de Alfonso VI el alfoz podía confundirse con la tierra de Saldaña, y el pueblo mantener sus libertades con personalidad dentro del reino. En él se veía el señorío real en bloque con notable integridad. Hasta la conquista de Toledo (1 .085) las gentes de la tierra de Saldaña, gracias a los servicios de guerra ya la salida para poblar rumbo al sur, conservaban sus libertades íntegras, regidas con el fuero dado por Alfonso V a León. Después, desde el reinado de Doña Urraca vinieron dificultades a la Corona, hasta el extremo de echar ella mano a los objetos de culto del Monasterio de Valcavado; y al país los partidismos y las revueltas políticas, hasta la violencia de matar
judíos; y también llegaron las cesiones de señorío otorgadas por la corona; y con esa desintegración vino además la inseguridad social impulsando a los vecinos libres a la busca de protección nobiliaria en el régimen behetrías, de forma no muy diferente a lo que ocurría en otras merindades de Castilla.
La estructura que fué formándose en el siglo XII permaneció en el XIII y se acentuó con el señorío
de nobles hasta alcanzar el estado que manifiesta el “Libro Becerro de las Behetrías” al mediar el siglo XIV.
Efectivamente, en los siglos XII y XIII cayeron en el abadengo no
menos de 16 pueblos del territorio saldañés. Los monasterios absorbentes fueron el de Vega (en la provincia de Valladolid), al cual la reina Doña
Urraca dió el señorío de Moslares, Ablumes y Tejar, las dos últimas ya desaparecidas al mediar el siglo XIV; el de Sahagún, al que Alfonso VII dió Membrillar y Villanueva, además de la ermita del Valle; el de San ZoiI de Carrión al que el rey dió por un lado 5. Román de Entrepeñas, y dentro del territorio de Saldaña, Valcavado con la aneja Revilla <1.213), Villaires y Gañinas (1.181), Lobera (1 .129) y Villarmienzo <1 .213); y al más moderno de Santa María de la Vega el señorío de Celadilla. Además la Orden Militar de Santiago obtuvo el señorío de Cuerno (despoblado en el XVII) en la Loma, Villasila y Villameleridro; la Orden de San Juan de Acre los de Fuensoto y Retuerto, éste cerca de Renedo de la Vega, despoblado ya en el XVII. Y todavía el Monasterio de 5. Felices de Amaya, que era de monjas de la Orden de Calatrava, atrapó el de Quintanilla de Onsoña en parte, porque su tercera parte, lo mismo que de Vega de Doña Cumpa y Pedrosa, era del Mayordomo real D. Gonzalo Ruíz Girón, el cual lo anejó en 1 .224 para el hospital que había fundado en Carrión a beneficio de los peregrinos de Santiago.
Esa penetración del abadengo todavía resultaba una moderación al lado de lo que cayó en manos de la nobleza, destacando en ella magnates que con frecuencia también fueron honrados con el cargo de Adelantado o el de Merino mayor de Castilla. En el “Becerro de las Behetrías” al mediar el siglo XIV destacaban unos linajes acaparando señoríos, precisamente en el momento de extinguirse por falta de sucesión masculina, cuando también en la corona real se producía el relevo de dinastía. En el fundamento de los nuevos tiempos aparecen tres mujeres del mismo nombre que dan gran vigor a sus vástagos con la nobleza heredada y también con las riquezas que acumularon: una es Doña Leonor de Guzmán, la fecunda amante de Alfonso Xl; otra es Doña Leonor de la Vega; y la tercera es Doña Leonor señora de Alburquerque, “la rica hembra de Castilla”, nieta del mismo monarca y más tarde reina de Aragón. Son tres damas linajudas que en sus manos tuvieron las vidas de maridos e hijos que habían de cambiar la suerte de Castilla, de Aragón y de toda España: una como madre de Enrique II y de sus hermanos; otra por la sabia que infundió al tronco de los Mendozas; y la tercera como madre de los infantes de Aragón que tanto ruido habían de meter en el siglo XV, entre los cuales descollarían Alfonso V y Juan II de Aragón.
En el “Becerro de las Behetrías”, durante esta época alcanzaron sus finales dos linajes muy enraizados a esta tierra, en cuyas venas
corría sangre de los antiguos condes de Saldaña y Carrión, los dos entrelazados durante el siglo XII y el XIII en grandes servicios de reconquista, repoblación y gobierno (Girones y TéIIez de Meneses). Por el mismo libro se vé que era moderado el señorío alcanzado por otros magnates, a base de la mitad o un tercio de pueblo: así García Fernández Manrique, adelantado mayor de Castilla (1 .351 a 1 .353> lo tenía en Renedo (de la Vega), Lerones
y Villahán; y Diego Pérez Sarmiento, Merino mayor de Castilla en 1 .355, sobre Albalá, Membibre (hoy despoblado de la Vega) y Villorquite; y otro con menor proporción en Villarrilda y Villota del Páramo, esta caída en manos de dos caballeros de Villafruel.
El gran señorío efectivamente se formó a beneficio de los dos grandes ricos omes de Girones y TéIIez. Uno era D. Juan Ruiz de Cisneros, descendiente de los Girones, merino mayor de León y Castilla (1 .350-1 .351); aparece como el mayor señor en el territorio de la peña, concretamente sobre 37 de sus pueblos, pues en el de Saldaña sólo tenía señorío parcial en Vega de doña Olimpa y en Lerones, y totalmente en Casares, Santillán y Arenillas de Núño Pérez; todavía en 1 .354 Pedro 1 le dió la villa de Guardo.
Eso no carecía de razón pues sus antepasados habían gozado de heredades y poder en la Montaña. Acaso por ello Doña Mencía de Cisneros, del mismo tronco, había casado con un magnate de la Montaña, Garcilaso de la Vega, hombre distinguido en servicio de Alfonso XI y por lo mismo premiado con honores y poder. Cuando fué muerto en los comienzos del reinado de Pedro 1 su casa sufrió quebranto pero no ruina, pues quedó la viuda Doña Mencía de Cisneros llevando con habilidad el timón de la casa para su hija única Doña Leonor de la Vega, llamada a heredar una gran riqueza; por su padre le correspondía el señorío de Santillana, La Vega y nueve villas en Asturias de Santillana; y por la madre había de heredar el de Cisneros, Castrillo de la Vega, Villoldo, Villasirga, Leones, Renedo, Albalá, Santillán, Arenillas de Nuño Pérez y otros.
Inversamente en el “Becerro de Behetrías” su pariente Juan Alfonso de Alburquerque tenía el señorío de cinco pueblos de la Peña y 33 de Saldaña. Este magnate, descendiente de los Téllez de Meneses y con intereses en Portugal, dirigió la política de Castilla en los primeros años de Pedro 1, gracias a lo cual aumentó su vigor cuando el rey le dió bienes y señoríos que habían pertenecido a Garcilaso. En el “Becerro de Behetrías” aparece ya con el señorío de Saldaña y las aldeas que quedaban de su tierra, de las cuales dos eran barrios de la villa (5. Martín y La Aldea), otra, la de Gaviños, seguía sin unirse a Villaluenga. Destacaba entre todas VilIota de la
Bodega (luego llamada del Duque>; esa denominación lógicamente era por estar vinculada a la bodega o centro recaudador al menos de parte de la comarca; a ella se unían Villagatón, Fresnuelo y Cuerno en la Loma. Fuera de eso y del lugar de Bustocirío quedaba 26 pueblos en la tierra de Saldaña, uno más de los 25 en que después había de quedar constituida de forma permanente. todo lo cual representaba algo menos de la mitad de pueblos de Saldaña.
O. Juan Alfonso de Alburquerque a su vez también cayó en desgracia del rey D. Pedro, viéndose obligado a refugiarse en Portugal. Con eso le vino primero la ruina perdiendo señoríos en Castilla, y después la muerte. Se alzó luego como heredero principal el conde D. Sancho,
hijo de Alfonso Xl, al cual su hermano Enrique II daría después el condado de Alburquerque y el señorío de Ledesma y Saldaña, lo cual había de heredar su hija única Leonor, “la rica hembra de Castilla”.
Esa Doña Leonor había de ser considerada base importante de poder, por lo cual caso con ella el infante D. Fernando, hijo de Juan 1 de Castilla y futuro rey de Aragón. No extraña que en sus días el rey atendiese a las quejas de Villota y otros pueblos de la bodega de Saldaña para que no pechasen en unos repartimientos ordenados por la villa de Saldaña. Esos lugares de la bodega fueron dados en 1 .393 por Doña Leonor a su ama, casada con Juan Fernández de Segovia.
Cuando esa Doña Leonor marchó con su marido para reinar en Aragón a raíz del compromiso de Caspe, en cuyo servicio se distinguió D. Sancho de Rojas, Obispo de Palencia, ya no tuvo interés por conservar el señorío de Saldaña y su tierra. En 1 .41 5 el rey Juan II concedió a su tía Doña Leonor, ya reina de Aragón, libertad para disponer de algunas de sus villas y heredades que tenía por herencia de lo que Enrique II había dado al Conde D. Sancho, especialmente Saldaña con sus aldeas, Castillo y vasallos, a favor del Obispo O. Sancho de Rojas, luego Arzobispo de Toledo. Con esa
licencia Doña Leonor dió la villa de Saldaña y su tierra a cambio de la villa de Mondéjar. Por su parte Doña María Fernández ama de la misma señora, vendió al Arzobispo D. Sancho las aldeas de la bodega (Villota, Fresnuelo y Villagatón> con sus vecinos, yantares y martiniega de Saldaña, todo por 3.000 florines de Aragón.
Unificado todo el señorío de Saldaña y su tierra, lo cedió el Arzobispo en 1 .418 a su sobrino Diego Gómez de Sandoval, conde de Castrogeriz, muy adicto al nuevo rey de Aragón, tomando
posesión de Saldaña por medio de apoderado. Por esa razón se adhirió a los infantes de Aragón frente a O. Alvaro de Luna y por lo mismo en 1 .430 perdió no sólo el condado de Castrogeriz sino
también el señorío de Saldaña, motivo para que Alfonso V de Aragón le compensase con el condado de Denia que había de perdurar en la familia. Juan II después de la batalla de Olmedo (1 .445> le devolvió el señorío saldañés. El mismo monarca traspasó después ese señorío a O. Alfonso de Fonseca, Obispo de Avila, metido en política. En realidad éste no loquería para sí
y en 1.451 lo entregó a O. Iñigo López de Mendoza a cambio de la villa de Coca.
El nuevo señor es el Iñigo López de Mendoza (1 .398-1 .459) que nació en Carrión, siendo sus padres la otra rica hembra Doña Leonor de la Vega y O. Diego Hurtado de Mendoza; de su abuela Mencía de Cisneros recibió el amor a las letras y el cuidado de la hacienda; ya en 1 .412 elIa había comprado martiniega en Saldaña, poniendo así la mira sobre la villa. Juan II le dió el título de marqués de Santillana y él por su parte en 1:452 traspasó el señorío de Saldaña a su hijo Diego, el cual lo conservó con el título de Condado aunque en realidad lo dejase oscurecido al recibir de los Reyes Católicos en 1 .475 en título de Duque del Infantado.
Así es como quedó en la casa de Mendoza el Señorío de Saldaña y su tierra. Es más, don Diego Hurtado de Mendoza lo amplió ganando en 1 .456 ejecutoria contra los lugares de la Valdavia que trataban de eximirse de la sumisión. A partir de entonces el señor no sólo dictó ordenanzas para regular en los pueblos de Saldaña los tratos entre cristianos y
judíos sino que ponía alcaide de confianza en el castillo con poderes que en la práctica mediatizaban la acción del merino.
No es raro ver en Castilla gentes que señalan hoy como motivo de orgullo un condado o ducado asentado sobre su villa natal en tiempos antiguos. ¿Realmente estaban satisfechos los vasallos que lo soportaron?.
En el aspecto tributario tales vasallos salieron perdiendo: habían de padecer la presión señorial con exigencias de contribuciones y hombres, explicables en empresas como la guerra de Granada o la de sucesión de los Reyes Católicos, a las que arrimaron el hombro los vasallos de su tierra de Saldaña, o de modo más estable en otras ocasiones, aparte los abusos cometidos por el merino; ya en 1 .367 el rey había tenido que corregirlo al ver que “los
fijos dalgo que an solariegos e vasallos en la merindad de Saldaña” se quejaban contra el adelantado mayor y el merino porque les prendaban por
entradas o yantares y porque pedían pan y otros tributos por fuerza y
contra derecho, razón por la cual las aldeas se despoblaban yendo a
morar a otras partes.
En realidad los alcaides de la fortaleza de Saldaña nombrados por el Duque del Infantado en el último cuarto del siglo XV, viéndose lejos del señor, con sus abusos dieron motivos constantes de agravios y quejas del concejo saldañés: usurpaba tierras, acotaba otras para su caza, molestaba en las cortas de leña, pretendía la exclusiva de venta de algunas mercancías, y por menos de nada encerraba en el castillo a vecinos de los pueblos, reteniéndolos días y semanas sin admitir otra justicia.
La consolidación del señorío en el territorio de Saldaña, si no beneficíó al rey, menos a los vasallos de estos pueblos. En el “Becerro de Behetrías” se vé que la cesión de señorío no era plena pues en el supremo del rey quedaba la justicia mayor y cierta clase de tributos, concretamente los de monedas y servicios. Y eso en todos los lugares, lo mismo en los de abadengo que los de solariego o en el realengo y aún en los de behetría, régimen en que quedaban varios pueblos de la Valdavia y Loma (Valderrábano, Villasur, Valenoso, Portillejo, Relea y Poza). Por su parte los señores percibían el impuesto fundamental de la infurción, de cobro individualizado, a dos maravedís o fanega y media de grano por cada casa, humo o pareja de labor, y otro mayor encabezado a nombre del pueblo, el de la martiniega que por la escasa densidad de población podía resultar una carga insoportable. Quedaba clara la autoridad del merino con derecho a percibir yantar o comida.
En resumen, se vé claro que mucho antes de la protesta comunera de Castilla, las tierras de la merindad de Saldaña estaban fraccionadas, y en consecuencia con
muy escasa fuerza; sólo la villa y sus veinticinco lugares quedaban con cierta cohesión, y sólo para poco más que mantener un régimen de pastos y la romería. Sólo la unidad bajo un concejo capaz hubiera logrado que las gentes de la merindad pudiesen prosperar.