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UN HOMBRE DE BIEN

* BAHILLO




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Oí decir en un programa de televisión: "Hombre, ayer escuché hablar tan bien de ti en una conversación, que creí ya te habías muerto". Dios me libre del día de las alabanzas, pensé yo.

Examinado con detenimiento estas circunstancias y algunas otras del mundo que nos rodea, he intentado reconciliarme con la razón para ver si puedo aclarar la duda que me embarga: ¿En estos tiempos que nos toca vivir, quién y cómo puede ser un hombre de bien? ¿Qué cargo público desempeñará con acierto, para que todos podamos considerarlo como tal?

Si repasamos la historia vemos al hombre siempre enzarzado en disputas y peleas, encausadas por el mismo afán: la ambición y la codicia; pasiones inmanentes por conseguir poder, dignidades... riqueza. Viendo las cosas así y entendiendo que un hombre de bien tiene que ser un personaje honrado, íntegro, recto, quiero arguir: ¿En nuestra sociedad puede haber personas que armonicen todo este dictado? Honrado es sinónimo de apreciado, honorable, honesto, lo que le predispone a ser justo, equitativo, razonable, leal. El honor se funda en un sentimiento del que el hombre está animado para la conducta que proyecta, sobre el poder que le sirve de norma en sus operaciones. La honra debe ser fruto del honor, esto es, la estimación con que la opinión pública recompensa aquella virtud. Esta es la norma a seguir por el hombre de bien que deseo aclarar.

Dotemos al hombre de un poder y veremos la forma de obrar. Es entonces cuando al dictado de las múltiples opiniones nos vamos dando cuenta de sus reacciones y tendencias. Porque la propensión está en el entendimiento o en los hábitos y se hereda, como se hereda el honor, y no la honra; esta se funda después en las acciones propias y en el concepto ajeno. Por otro lado está la inclinación que va unida a la voluntad y el carácter.

Trasladando estas consideraciones a la vida real podemos poner como ejemplo a un alcalde, donde se pueden advertir las disposiciones adoptadas por el hombre a quien de forma democrática se le ha concedido ese poder enunciado. Guiado por las normas legales que todos hemos aceptado, necesario será admitir la libertad discrepante en la visión de los acontecimientos, porque todos no tenemos la misma capacidad para entender los hechos de igual manera. Valga la metáfora conocida: el contenido de la botella está por la mitad, pero cada quien es libre de contemplarlo con diferente visión.

Aqui es donde comienzan a verse los modos y maneras del responsable elegido, el hombre de bien que en razón intento aclarar. Porque el halago, el incienso y la lisonja, sin importar su procedencia (si el sabio no aplaude, malo; si el necio aplaude, peor), interesan más que la crítica responsable y constructiva. Ello va creando la situación propicia donde se incuba la degradante moralidad del ser. A saber: Con altivez y soberbia desprecia a todo el que no comulgua con sus mismas ideas. Orgulloso y altanero desatiende la ley en que se basan los que tienen el deber de controlar y fiscalizar sus obras. Con despotismo interesado administra con nepotismo. Hace de la causa el efecto de su razón, para que las decisiones tomadas sean irrefutables. Se solaza en los fastos con espíritu de grandeza, por estimación excesiva de si mismo, llegando con vanidosa egolatría a propagar su iconografía donosa como marketin para demostración del poder absoluto...

Tras lo expuesto, me pregunto: ¿Qué recónditos fenómenos pueden existir para que el poder haga endiosados? Siendo esto así ¿dónde queda el personaje que intento buscar, de recto proceder, el hombre de bien que me inquieta? El estilo, como las uñas -decía Eugenio D'ors- , es más fácil tenerlo brillante que limpio.

Intentando cotejar la voluntad libre en acción del hombre poderoso, con las formas morales precisas para enmarcar al hombre de bien en nuestra sociedad, he cifrado esta hipótesis de trabajo. Los sociólogos pueden alumbrar con mayor objetividad el contenido de mi deseo. Queda pues a la libre disposición del lector, interpretar a su manera la intención pretendida.

Félix Abad Sánchez

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