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TEMAS DE INTERES:
VILLA
ROMANA DE LA OLMEDA (PALENCIA)
LAS RUINAS DE LA VILLA ROMANA de la
Olmeda se levantan en la vega del río Carrión, afluente
del Pisuerga, a 60 Kms. al Norte de Palencia y a 6 Kms. de
distancia de la villa de Saldaña, en el término municipal
de Pedrosa de la Vega.
El descubrimiento de la villa tuvo lugar el día 5 de Julio
de 1968. En unas tierras de labor, y en el pago denominado
desde antiguo “La Olmeda”, se encontraba un pequeño
altozano en el que se observaban restos de viejas
construcciones, por lo que era llamado “el alto del
Convento” por los vecinos de Pedrosa de la Vega.
Se iniciaron unos trabajos de allanamiento con el fin de
rebajar el altozano y facilitar el cultivo, y pronto se vio
que las rejas del arado tropezaban en muros subterráneos.
La curiosidad hizo que junto a uno de estos muros se
realizase un sondeo, con el resultado de que a poca
profundidad -unos 60 cms.- se alcanzase el pavimento de
mosaico de una habitación.
Quedaba, pues, aclarada una primera incógnita: el
“Convento” era, en realidad, un edificio romano. Pronto
se vio la importancia del descubrimiento, y en años
sucesivos se pudo ver su complejidad.
Así, lo primero que habíamos sacado a la luz era un
palacio del siglo IV después de J.C.; pero a continuación
se identificó un edificio anterior; quizás de fines del
siglo 1, las termas correspondientes al palacio del siglo
IV, las áreas de servicios, tres necrópolis romanas, otro
cementerio visigodo, un hábitat de la Primera Edad del
Hierro y un cementerio medieval, en fin, todo un yacimiento
arqueológico que abarcaba varias culturas y épocas muy
diversas.
Del primer edificio romano de la Olmeda solo dejaremos
constancia de su existencia a través de los siglos II, III
y primera mitad del IV. No sabemos mucho de él, ya que
sobre sus ruinas se instaló un cementerio visigodo, deshaciéndolas
aún más, si cabe, de lo que estaban, y sobre este
cementerio visigodo se continuó enterrando durante la Edad
Media, haciendo que la excavación arqueológica sea
compleja y lenta.
En tomo a los años centrales del siglo IV se levanta el
palacio bajo-imperial, bien conservado, cuyo esplendor
podemos fijar en la segunda mitad del siglo IV y principios
del V.
Esta época de esplendor en la que se desenvuelve la vida de
los primeros años del palacio de la Olmeda es, por vanas
razones, una de las más apasionantes de la Historia
Universal: época de crisis, de cambios radicales, y en ello
estriba su interés.
Aunque España no se ve afectada por invasiones de pueblos bárbaros
durante el siglo IV, sí llegan a ella las luchas
religiosas. A finales de siglo surge la herejía del obispo
de Ávila, Prisciliano, que se propaga con éxito por toda
la península. Su principal valedor en el episcopado es
Symposio, obispo de Astorga, y no olvidemos que tanto Ávila,
como Astorga y la Olmeda son enclaves en la Meseta Norte.
Prisciliano es ejecutado en Tréveris por el Emperador español
Magno Máximo, y esta ejecución lo convierte en un mártir
a los ojos de sus seguidores.
En una tumba de la necrópolis Sur de la Olmeda encontramos
una sortija de bronce en cuyo sello se puede ver una
representación mágica, muy posiblemente del dios gnóstico
Abraxas. Lleva cabeza de pájaro y otros atributos normales
de esta divinidad, representando la Providencia, La Fuerza,
la Razón, y, quizás, alusiones a los planetas.
Esta sortija, en época de esplendor priscilianista y en
tierras palentinas ,no olvidemos que, todavía en el siglo
VI, un arzobispo de Toledo, Montano, recrimina al obispo de
Palencia por el priscilianismo de sus feligreses, nos lleva
a la conclusión de que a la Olmeda llegó con éxito la
doctrina de Prisciliano.
OTRO SIGNO DEL CRISTIANISMO DE LA VILLA es una inscripción
encontrada sobre una pequeña vasija de cerámica, y que
dice “Marciano, vivas muchos años en el Señor”.
No sabemos cómo ni cuando comienza la decadencia del
palacio, aunque empezamos a entrever algunas posibilidades
en este aspecto. Así, entre los hallazgos de la Olmeda
figura una moneda de plata del usurpador Constantino III,
cuya relación con Palencia es conocida: al derrotar sus ejércitos,
con Geroncio al frente de ellos, a las tropas del Emperador
legítimo Honorio, los soldados vencedores saquean las
villas palentinas, según relatan los textos clásicos.
Esta moneda de plata del usurpador Constantino —pieza
extremadamente rara— da pie para pensar que hasta la
Olmeda llegaron las consecuencias de aquella guerra civil, y
esto pudo ser el comienzo de su decadencia.
Otros indicios nos hablan también de ella: mosaicos
torpemente rehechos, puertas tabicadas, muros
compartimentando habitaciones, un pozo para sacar agua que
perfora un mosaico, el jardín central del palacio
convertido en basurero... Pero, por contra, encontramos
procedentes del Norte de África y del Próximo Oriente,
importaciones de ánforas, fechadas en el siglo V, que
sugieren un comercio próspero que se desarrolla todavía en
la villa.
Igualmente de época tardía son dos “contomiati”:
medallones de bronce, de rareza excepcional, que presentan a
menudo efigies de antiguos emperadores y que se consideran símbolos
de gran prestigio para su poseedor.
Un violento incendio termina con la vida en el palacio, pero
conserva para la posteridad sus estructuras. Los grandes
muros de tapial, al derrumbarse, protegen los mosaicos, y
una densa capa de tierra procedente de las paredes cubre las
ruinas, formando un montículo apreciable a cierta
distancia. Era el antes citado “alto del convento”, así
bautizado por los labradores del lugar.

EL
PALACIO CENTRAL DE LA OLMEDA
ES UNA CASA ROMANA de peristilo, es decir,
con un jardín central rodeado de galerías, a las que abren
las diversas habitaciones. Tiene forma sensiblemente
cuadrada y presenta una torre en cada esquina: las de la
fachada Sur de forma octogonal y las de la fachada Norte
cuadradas. Son torres que embellecen y dan prestancia al
edificio. Entre estas torres, tanto en la fachada Norte como
en la Sur, abren sendos pórticos, sostenidos por columnas.
Sobre estos pórticos, terrazas pavimentadas con mosaicos.
El ingreso principal al palacio se hace por el centro del pórtico
Sur, pasando en primer lugar a un atrio o vestíbulo con un
sencillo mosaico geométrico. Al fondo del vestíbulo,
cuatro columnas pintadas de rojo jalonan el acceso a la
galería Sur del peristilo, cuya separación con el jardín
lo forma una arquería de ladrillo con nueve arcos de medio
punto. Estos arcos se han podido reconstruir con el material
original.
Las habitaciones del ala Sur del palacio son habitaciones de
servicios, entre las que destaca la cocina, un almacén y
otra sala destinada a algún uso agrícola o industrial
impreciso.
En el centro del ala oriental del palacio se encuentra la
sala principal, con el mosaico de Aquiles y el de la Cacería.
En este mismo ala oriental, un comedor con ábside
rectangular, un pequeño dormitorio y tres habitaciones con
hipocaustos —calefacción subterránea—, de uso
desconocido. Todas ellas pavimentadas con mosaicos geométricos,
algunos de gran belleza como el que cubre el dormitorio o el
de la habitación contigua a la gran sala por su lado Norte.
El ala Norte del palacio se compone de una larga serie de
habitaciones, sin mosaico, cuyo uso no podemos precisar. En
el centro de este ala, otro ingreso al palacio, con piso de
madera, al que se accede después de cruzar el pórtico, con
terraza pavimentada con mosaico, que en el derrumbe del
edificio quedó prácticamente deshecho.
Nuevamente hacen su aparición los mosaicos en las
habitaciones del ala Oeste del edificio, casi todas con este
tipo de piso. Destaca el comedor principal, de forma muy
irregular al haber sido ampliado durante la época de
esplendor del palacio. Lo cubren cuatro mosaicos diferentes
y tiene también calefacción por hipocaustos. Junto al
comedor, un amplio pasillo o corredor, con piso de tierra,
sale del palacio y se dirige hacia el Oeste, a las Termas,
permitiendo así a los bañistas trasladarse a este recinto
sin salir al exterior.
Finalmente, el jardín central. Es prácticamente cuadrado y
tenía en su centro una fuente, por desgracia desaparecida.
Rodeaba la fuente un pequeño mosaico circular. Una pérgola,
formada por ocho arcos de follaje, pasaba por el centro del
jardín, uniendo las dos puertas de acceso a las galerías
del peristilo. En las jambas de estas puertas. columnas de mármol
blanco.

EL
MOSAICO DE LA SALA PRINCIPAL
ES LA PIEZA MAS IMPORTANTE de la villa,
tanto por su tamaño -174 metros cuadrados- por su calidad,
su temática y la espectacularidad de sus diseños. El
centro del mosaico lo ocupan los temas figurados, a los que
rodea cenefa geométrica de fuerte barroquismo.
Entre los temas figurados, el más próximo a la puerta del
salón es un conjunto de paneles con escenas de caza,
posiblemente siete, unidos en un agradable y pintoresco
conjunto en el que vemos leopardos que luchan con cazadores,
un jabalí acosado por jauría de perros, antílopes
perseguidos por un león, y otra serie de animales, tanto
autóctonos como exóticos. Es la parte del mosaico que
mejor se ha conservado. El centro del salón lo ocupa un
conocido tema mitológico: el momento en que Ulises descubre
a Aquiles, cuando éste se encontraba vestido de mujer y
escondido entre las princesas del palacio real de Skyros.
Tiene figuras de gran tamaño —entre 2,20 y 2,50 mts. de
altura— y abundan en él las teselas de mármol y de
vidrio.
Rodeando el cuadro de Aquiles hay una cenefa con el tercer
tema figurado del mosaico: una serie de medallones ovalados
—se conservan catorce de un total de diez y ocho que
fueron en origen— con retratos masculinos y femeninos de
una excepcional calidad.
Mucho se ha escrito ya sobre ellos, y la teoría más
aceptada es la de que se trata de las efigies de los dueños
del palacio y de sus familiares. En estos retratos las
teselas llegan a alcanzar dimensiones minúsculas —hasta
poco más de 1 mm.— y lo mismo que en el tema de Aquiles,
se utilizan en ellos teselas de mármol y de vidrio.
En las esquinas de la cenefa están representadas las cuatro
estaciones del año, en bustos femeninos: no se conserva el
verano, destruido ya en época romana.

LA
VILLA DE LA OLMEDA EN EL CONTEXTO DE LAS VILLAS ROMANAS
HISPANICAS
LA EXCAVACION DE LA VILLA, iniciada en el año 1969, se
desarrolló de forma privada hasta el año 1980, de acuerdo
con la antigua Ley del Patrimonio. Durante este tiempo se
excavó una parte relativamente pequeña del palacio y la
Necrópolis Sur, instalándose en Saldaña, a 6 Kms. de la
villa, un museo Monográfico, la “Colección Cortes”,
con los objetos encontrados en la excavación. Después de
estos doce primeros años se constituye la Fundación Pública
“Villa Romana de la Olmeda” patrocinada por la Diputación
Provincial de Palencia, y las investigaciones arqueológicas
adquieren un ritmo más vivo, trasladándose el Museo a una
iglesia acondicionada para ello.
Durante los veinte primeros años la excavación la dirige
el Dr. Palol, catedrático de la Universidad de Valladolid y
después de la de Barcelona. Actualmente la dirección corre
a cargo del Dr. Abásolo, catedrático de la Universidad
vallisoletana.
Un equipo de especialistas, dirigido por D. Domiciano Ríos,
se hace cargo de las labores de excavaciones y de restauración,
principalmente la consolidación del conjunto de mosaicos, a
partir del año 1969.
Hasta aquí todo es normal, si exceptuamos que esta excavación
ha tenido una continuidad poco frecuente en España y un
equipo especializado para ella, lo que la confiere una
garantía de trabajo bien hecho.
Pero lo que ya no es tan frecuente, más bien es inusitado,
es el haber conseguido que una excavación arqueológica
española se preserve con cubiertas y paredes, se abra al público
y tenga un equipo de seguimiento y conservación.
Más raro todavía en España: que una excavación lleva
adjunto un museo monográfico en el que los visitantes
puedan ver la relación entre el yacimiento arqueológico y
sus objetos.
La consecución de estos logros no ha sido fácil: intentos
de obstrucción, de paralización de las obras, en fin la
tarea de “contra” con la que por desgracia hay que
contar en España, han sido superados, y, también hay que
decirlo han existido ayudas generosas y apoyos
desinteresados.

LAS
NECROPOLIS
SON DIFÍCILES DE DESCUBRIR las necrópolis
de estas villas rústicas romanas, pues, además de estar
ubicadas a distancias muy variables del poblado, la mayoría
de sus enterramientos son simples fosas en tierra, de las
que no queda señal alguna visible en superficie.
La suerte quiso que pocos años después del descubrimiento
de la villa, se identificase una de sus necrópolis, 400 mts.
al Sur del palacio. Con la experiencia adquirida en su
excavación y la ayuda de los labradores, se descubrió
pronto una segunda necrópolis, esta vez al Norte del
palacio, a unos 700 mts. de distancia. Últimamente se ha
encontrado otra, a medio camino entre el palacio y la necrópolis
Norte; aún no se ha excavado.
Las dos primeras encontradas han proporcionado un total de
636 tumbas de inhumación, con ataúdes de madera de los que
se conservan los clavos. Los restos humanos han desaparecido
casi por completo, dada la acidez y humedad del terreno.
Son tumbas con una alta proporción de ajuares funerarios
—aproximadamente un 40% en la Necrópolis Sur y un 70% en
la Necrópolis Norte— con fechas que oscilan entre
mediados del siglo IV —Necrópolis Norte— y mediados o
fines del siglo V
—Necrópolis Sur— y que han dado bastante luz sobre la
vida en la villa y sobre sus habitantes. Sabemos, por las
dimensiones del ataúd, la corta estatura de los inhumados,
y comprobamos el ambiente todavía pagano en el que viven,
indicado por la colocación de ajuares, y, en el caso de la
Necrópolis Norte, por la falta de orientación ritual de la
tumba, que demanda la costumbre cristiana.
Estos enterramientos han proporcionado un variado y
abundante material, entre el que hay que destacar, en primer
lugar, la magnífica colección de vasos de vidrio del Museo
de Saldaña, las cerámicas de todo tipo, las herramientas y
armas de hierro, los acetres de cobre, las hebillas de
cinturón de bronce, pulseras, collares, etc.

OBJETOS
SINGULARES DE LA EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA
HEMOS CITADO ANTERIORMENTE ALGUNOS, como el
anillo gnóstico, los “contorniati” y la colección de
vidrio de las tumbas, pero no queremos pasar por alto otras
piezas interesantes, como puedan ser: una placa calada de
bronce, procedente de las termas, que lleva la inscripción
latina VINARI LETARI. Se trata de parte de un cubilete para
jugar a los dados, mientras se canta una letrilla cuyo
primer verso es la inscripción citada.
Una copa de mármol blanco de Carrara, en forma de flor, con
base sujeta por garras de león, identificada como pebetero
para quemar perfumes y que solía colocarse a la entrada de
los triclinios.
Una estatuilla de bronce del dios Apolo con su corona de
rayos solares.
Una pequeña bota de cuero, decorada con flecos, encontrada
en el fondo de un pozo de las termas.
Y la colección de piezas de atalaje de caballo: frenos,
petrales, etc., en bronce, de gran calidad.